jueves, 9 de agosto de 2012

9-10 de Agosto. Camino de Pekín.

Por la mañana vamos a recoger nuestros billetes y regresamos a la sede de la organización para conocer a las  representantes del Lotus Center  y entregarles los tablets. Parecen realmente agradecidas: andan bastante escasos de recursos relacionados con las nuevas tecnologías y este tipo de donativos les son de gran utilidad. Teníamos muchas ganas de visitar el colegio pero, desafortunadamente para nosotros, los niños están en un campamento de verano situado a unos 30 km de la capital y como la visita duraría todo el día, no estamos seguros de si volveríamos a tiempo para coger el tren.
Después de comer, nos dirigimos a la estación con antelación más que suficiente. El plan es el siguiente:
1. Debemos tomar el tren desde Ulan Bator hasta Zamyn-Üüd, que es la última población antes de la frontera China. Viajaremos en un compartimento con literas y capacidad para cuatro personas así que, al parecer tendremos un compañero de viaje.
2. Al llegar a la frontera, tendremos que bajarnos del tren y tomar un minibús que estará esperando junto a la estación y en el que, supuestamente, cruzaremos la frontera hasta la ciudad china de Elian. Para este minibus tenemos un billete en el que figura la matricula del mismo.
3. En la estación de autobuses de Elian, alguien estará esperando con un cartel de la empresa de autobuses  para acompañarnos hasta el bus que nos llevará hasta Pekín. No tenemos billete, tan solo un vale con una foto, el nombre de la compañía y el trayecto: sin fechas ni horarios.
La verdad es que el viaje pinta que no va a ser aburrido, especialmente teniendo en cuenta la fama de los chinos de no hablar inglés y de lo difícil que puede ser comunicarse con ellos hasta por señas. Lo que no sabíamos es que , para completar el cuadro, el que nos vendió los billetes para el viaje era o bien un inepto o  bien un caradura. Claro que eso lo íbamos a descubrir en pocas horas...
La primera parte del viaje comienza bastante bien, nuestro misterioso acompañante resultó ser una chica mongola que estudió en Europa. Así que pudimos mantener una interesante conversación en la que nos enteramos de muchas curiosidades sobre la forma de vida en Mongolia como, por ejemplo, que el precio de un ger ronda los 1500 euros o que los niños que viven en ellos, para ir a la escuela, normalmente tienen que desplazarse a casa de algún pariente que viva en una ciudad. Además el tren, a pesar de que tiene un montón de años  y al contrario de lo que nos temíamos por nuestra experiencia con otros trenes asiáticos, está limpio y resulta bastante cómodo.
Son las 8 de la mañana cuando llegamos a  Zamyn-Üüd. Nos bajamos del vagón y  nuestra compañera se ofrece a ayudarnos a buscar el autobús. A la salida de la estación hay varios taxis y minibuses esperando pero el nuestro no aparece por ninguna parte.  Por lo que puede averiguar nuestra nueva amiga e intérprete, el autobús  ha salido y ya está en la frontera, pero una taxista afirma  que nos puede llevar hasta él. Aceptamos el trato. Es un trayecto de apenas un kilómetro y al llegar a la frontera la taxista nos señala un par de minibuses que están parados esperando. Lo malo es que las matrículas no coinciden con la que figura en nuestros billetes,así que nos negamos a bajarnos del taxi a pesar de que su conductora está deseando que le demos el dinero y desaparezcamos. Al final, vuelve a llevarnos a la estación del tren y nos bajamos.
Se aproxima otro taxista que habla algo de inglés, más de lo mismo: que tenemos que pagar. Nosotros insistimos en que no vamos a pagar si no nos lleva a nuestro bus: no bus, no dinero... Subimos de nuevo al taxi y en esta ocasión,  nos acerca a la estación de autobuses: allí hay varios buses más pero el nuestro sigue sin aparecer, además en las taquillas tampoco nos quieren vender otro billete. Nuestra taxista se parece cada vez más a Robert De Niro en "Taxi Driver", nos mete prisa para que subamos al coche y de nuevo nos lleva a la frontera. A pesar de lo agradable que resulta viajar en taxi, ya empezamos a estar cansados de hacer el mismo recorrido varias veces, así que cuando vemos que en esta ocasión la taxista habla con el conductor de uno de los autobuses que está esperando y este accede a dejarnos subir, nos llevamos una verdadera alegría. Eso sí, para entrar en el bus, primero nos exige que le demos a la taxista la cantidad de dinero convenida.
El bus va lleno hasta los topes y, lentamente, avanza hasta el control de pasaportes. Allí nos bajamos todos y la gente empieza a hacer cola para salir de Mongolia. El concepto de "hacer cola" es muy distinto del europeo y viene a significar que todo el mundo se agolpa y se empuja intentando colarse como si se tratara del inicio de las rebajas. En medio de esta melé, coincidimos con una pareja israelí que nos explica que es realmente difícil conseguir un billete de bus para cruzar la frontera, al parecer están muy solicitados, no es posible hacerse con ellos a última hora y además no está permitido cruzar la frontera andando. Nos dicen que mientras ellos estaban "haciendo cola" para sacar los suyos,  se formó una tangana tan impresionante que tuvieron que  intervenir varios policías con pistolas eléctricas para imponer orden. ¡Quién les iba a decir a Tesla o a Edison que con sus inventos estaban contribuyendo a la educación para la ciudadanía!
Pasamos el control de pasaportes y cuando nos disponemos a subir de nuevo al autobus nos llevamos una enorme sorpresa: el conductor nos indica que está lleno y que tenemos que esperar al próximo. No entendemos nada, pero no hay forma de que nos deje subir así que nos quedamos esperando en un camino polvoriento en tierra de nadie entre Mongolia y China. A los pocos minutos aparece un matrimonio con dos niños que viajaban con nosotros y a los que tampoco les hace nada de gracia la situación. Van pasando varios buses pero en todos nos dicen lo mismo: que no podemos subir, que tendríamos que habernos ido en el que nos tocaba. Empezamos a pensar que el conductor accedió a llevarnos solamente para que le pagáramos a su amiga taxista y que nos ha dejado tirados para hacernos la pascua. Afortunadamente, el matrimonio que está en nuestra misma situación habla un poco de ruso y nos dice que nos subamos al próximo bus y que no nos bajemos pase lo que pase. Aprovechamos un descuido del conductor para meternos todos dentro, sentarnos y sujetarnos al asiento como si fuera un escaño de diputado. Cuando el conductor se da cuenta de que tiene varios polizones, se pone como loco para que bajemos y no deja subir a nadie más. Nosotros decimos que no con las cabezas mientras que el matrimonio discute con él. Poco a poco, la cosa se va complicando: aparece un policía y otra persona más que parece ser un responsable de la compañía e insisten con tono bastante amenazador en que tenemos que bajarnos. Nosotros seguimos diciendo que no, hablando en español o inglés y les enseñamos nuestros billetes de bus al mismo tiempo que la madre empieza a perder los nervios y gritar con ellos. Después de varios minutos y tras varias llamadas de teléfono móvil acceden a dejarnos continuar. El resto de pasajeros suben al bus y nos trasladan a la frontera china. Parece que hemos tenido suerte y no vamos a ser los protagonistas de la segunda parte de la película "La terminal", basada en los hechos reales de un grupo de despistados atrapados entre dos países y  que sobreviven  gracias a la comida que les arrojan desde los coches. En fin, preferimos renunciar a un guión millonario a cambio de regresar a casa...


Nos bajamos en la parte china de la frontera y comprobamos que es radicalmente distinta: un edificio nuevo, policías asegurándose de que las colas sean ordenadas e incluso la posibilidad de  valorar la eficacia del agente de control de pasaportes pulsando una tecla que está al lado de la ventanilla. Claro que eso nos da igual, lo que queremos es salir  corriendo de nuevo al minibus para asegurarnos la plaza. Lo logramos y en apenas 15 minutos estamos en la estación de autobuses. Como es fácil imaginar, no hay  ni rastro de una persona con un cartel esperando por nosotros, así que empezamos a dar vueltas por la estación enseñando nuestros billetes a cualquiera que tenga pinta de poder ayudarnos. La táctica surte efecto y uno de los "conserjes" de la estación nos hace señas de que esperemos un momento. Se va y, en unos minutos,  regresa junto con un chica que, en inglés, afirma trabajar para la empresa de autobuses y quiere que la acompañemos a sus oficinas. Las "oficinas" resultan ser una mezcla de ultramarinos y bazar chino que está pegado a la puerta de la estación. Allí nos ofrece una alternativa al viaje en autobús. Al parecer, un amigo suyo tiene que llevar a una chica hasta Pekín y si queremos podemos ir con él a cambio de nuestros billetes. No tendremos que pagar nada a mayores y además llegaríamos a las 9 de la noche en lugar de las 6 de la mañana.  Nos da la sensación de que lo que buscan es aprovechar un viaje en coche para llevarnos y, seguramente, revender nuestros  billetes. Probablemente,  no tengan nada que ver con la empresa de autobuses pero tampoco tienen pinta de pertenecer a una banda organizada de secuestradores de occidentales y, como la oferta es muy tentadora, decidimos aceptar.
Al final, es un acierto: hacemos el viaje en coche, algo apretados pero sin incidentes y llegamos a nuestro hotel sobre las 10 de la noche. Hace tanto tiempo que no vemos un cuarto de baño al estilo europeo que casi se nos saltan las lagrimas mirando una bañera...




miércoles, 8 de agosto de 2012

8 de agosto. La meta.

Mientras estamos cargando las mochilas en el maletero para continuar el viaje, una furgoneta-taxi para delante nuestra para que sus ocupantes puedan hacer una visita al "cuarto de baño". De la furgoneta comienza a bajarse gente y contamos un total de 14 personas: nos cuesta trabajo imaginar cómo podían estar encajados dentro. ¿Alguno hará el viaje completo desde Ulan Bator hasta Olgii?.¡Y nososotros nos quejábamos!
El resto del camino hasta la capital es sencillo y llegamos a media mañana. Localizamos la sede de la organización, cubrimos los documentos de entrega del coche y nos hacemos las fotos de rigor. Hemos llegado en el puesto 16 sobre un total de 300 equipos participantes.  En el mismo edificio, "The adventurist" dispone de un bar y también hay un hotel en el que conseguimos un par de habitaciones así que, una vez instalados, vamos a la estación del tren para ver si es posible conseguir billetes hasta Pekín para mañana. Por lo que nos han comentado los de la organización, no va a ser tarea sencilla...


La estación no está lejos y vamos dando un paseo, todo el mundo dice que en Ulan Bator no hay mucho que ver y la verdad es que parece que el comentario es acertado. Nos llama la atención ver algunos gers entre modernos bloques de edificios; al parecer, algunas familias que se desplazan a la capital para facilitar la educación de sus hijos, no tienen dinero suficiente para comprar o alquilar un piso y se ven obligados a instalarse en su propia vivienda.
En la estación del tren nos enteramos de que no quedan billetes. Para el transmongoliano que une Moscú con Pekín está todo vendido hasta mediados de septiembre y aunque hay un tren que nos llevaría hasta Elian, ya en China, tampoco quedan billetes. En frente de la estación del tren, estrategicamente situada, hay una pequeña agencia de viajes. En ella ofrecen una opción para salir al día siguiente: podemos ir en el tren que va a Pekín hasta llegar a la frontera, donde tendremos que bajarnos para cruzarla en un minibus y luego continuar en bus hasta Pekín. La cosa no parece fácil y el viaje es bastante largo, saldríamos el viernes a la tarde y llegaríamos el domingo de madrugada, pero como no nos queda otra aceptamos y quedamos en recoger los billetes al día siguiente.
Por la tarde visitamos el monasterio de Choijin Lama que es una de esas visitas que, por sorpresa, resultan bastante entretenidas.
Parece que todo está arreglado, mañana por la mañana nos reuniremos con las representantes de Lotus Children´s Center para entregarles los tablets y por la tarde saldremos para China. Lo que en aquel momento no sabíamos es lo que nos esperaba en la frontera: una última aventura...

martes, 7 de agosto de 2012

7 de agosto. La búsqueda del asfalto.

Nos quedan unos 700 por kilómetros para llegar a Ulan Bator. Por las noticias que tenemos los últimos 400 están asfaltados. Nuestro objetivo para hoy es alcanzar esa carretera en buen estado que nos asegure llegar mañana a la capital con tiempo suficiente para realizar el papeleo de entrega del vehículo, contactar con la ONG Lotus Children´s Center y sacar los billetes de tren para Pekín.
A medida que discurren los kilómetros, vemos que la cosa no va a ser sencilla: la uralita se resiste a desaparecer y además, debido a las lluvias de  los últimos días, hay tramos en los que el camino está cubierto de barro, lo que nos obliga a bajarnos y buscar la mejor zona para pasar.
Andamos escasos de moneda local, asi que nos detenemos en un pueblo para cambiar doláres y comprar gasolina. En los bancos no cambian moneda y a base de preguntar, terminamos negociando con la dueña de un pequeño bar que cierra el trato ofreciéndonos unos enormes tazones de leche caliente con té y sal que no nos queda más remedio que bebernos hasta la última gota.
Durante el camino nos encontramos con el equipo de Fernando, Jordi y su Ford Ka que avanzan acompañados por otros equipos italianos. Como tienen más tiempo que nosotros se lo están tomando con más calma (menuda envidia), así que tras una breve pero emotiva charla, nos despedimos con la esperanza de coincidir de nuevo en Ulan Bator.


A medida que avanzamos, el paisaje árido y desértico deja  paso a la estepa verde y los tradicionales gers vuelven a aparecer por todas partes al mismo tiempo que se multiplica el número de pistas paralelas que parecen ir al mismo sitio: en algún momento llegamos a contar más de 20.
El reloj no se detiene, está próxima la hora de anochecer y todavía no hemos alcanzado el asfalto. Según las instrucciones de la organización no es nada recomendable viajar de noche. Las razones son que el riesgo de perderse aumenta (en una ocasión un equipo se despistó tanto que terminó en China) y que es fácil terminar metido en un enorme bache o enterrado en el lodo. Cuando estamos dudando entre arriesgar y continuar o bien acampar y madrugar, vemos pasar una de esas furgonetas que hacen las veces de minitaxi. Se nos ocurre que seguramente esté haciendo la misma ruta que nosotros y que probablemente podamos seguirla. La decisión resulta acertada. El conductor se sabe la carretera de memoria y lo perseguimos hasta que hace una parada para que los pasajeros se bajen un momento. Es costumbre que estos taxis hagan paradas periódicas para que los viajeros puedan hacer sus necesidades, poblando la estepa de culos al aire que se integran en el paisaje sin pudor alguno. Aprovechamos este momento para hablar con el conductor a ver sino le importa que le sigamos, nos dice que no hay ningún problema, se dirigen a Ulan Bator y podemos seguirlos todo el tiempo que queramos.
Todavía tendremos que realizar un último vadeo, afortunadamente en esta ocasión, con la ventaja de tener a alguien que nos marca el camino, ya que el río lleva bastante agua y el propio taxista se baja a consultar a unos lugareños que oportunamente aparecieron por allí, sobre el mejor modo de vadear. Aproximadamente a las 2 de la mañana llegamos a un pequeño pueblo en el que encontramos, al pie de la carretera asfaltada,  un pequeño hostal con habitaciones libres. Como  estamos a unos 300 km de Ulan Bator pensamos que ya es hora de descansar un poco. Las habitaciones son, por utilizar un eufemismo, "sencillas": las camas son bastante más duras que el asfalto, el cuarto de baño está en una caseta de madera a unos 150 metros al otro lado de la carretera y por la ducha ni preguntamos. De todas todas, viendo las pintas que tenemos y el polvo del desierto que se acumula en nuestras mochilas, tampoco creo que nos hubieran dejado poner los pies en un hotel de cuatro estrellas. Nos acordamos de alguna de esas películas de vaqueros en las que el protagonista, barbudo, sucio y maloliente se mete en una bañera llena hasta los bordes y la verdad es que, como al perro de Paulov, la boca se nos hace agua.

lunes, 6 de agosto de 2012

6 de agosto. Uralita y dromedarios.

Nos levantamos a  las 6 de la mañana con la esperanza de que  los mosquitos mongoles no sean muy madrugadores y nos dejen desayunar en paz, pero lamentablemente parece que el aroma del café es capaz de despertarlos en un tiempo récord y rápidamente se acercan a hacernos compañía.
A medida que avanza la jornada, se acentúa el cambio en el paisaje que ya se había iniciado el día anterior. La altitud desciende mientras desaparecen las cumbres nevadas y los arroyos para dejar paso a un paisaje árido y seco: estamos en las estribaciones del desierto del Gobi.  Aunque pudiera parecerlo, la temperatura no es un problema, ya que en ningún momento del día supera los 30ºC, a pesar de estar en un desierto: la altitud sigue rondando los 1500 metros y eso se deja notar. El verdadero problema está bajo las ruedas: el camino parece fabricado a base de placas de uralita que hacen que todo el coche vibre como si se fuera caer en pedazos. Teóricamente, en este tipo de firme se debe circular a una velocidad por encima de los 60 km/h, de forma que el coche "flote" sobre las ondulaciones de la carretera. La teoría funciona pero tiene el grave inconveniente de que es realmente arriesgado, de vez en cuando aparecen socavones en los que no nos gustaría dejarnos parte de la suspensión y a esa velocidad es realmente complicado evitarlos a tiempo. Es decir, no nos queda otra más que armarnos de paciencia, apretar bien los dientes para no perder ninguno por culpa de las vibraciones y comernos la uralita con patatas.


Conducir en estas condiciones es un tanto desesperante, hay multitud de caminos casi pararelos y por más que te esfuerces en intentar adivinar cuál será el mejor para nuestras cervicales al final, elijas el que elijas, el resultado parece ser el mismo: no hay escapatoria.  La uralita está por todas partes, el traqueteo es desesperante y no podemos dejar de pensar que estamos circulando por una carretera cuyo equivalente en España podría ser la N-VI. Al fin y al cabo es la conexión entre una de las dos fronteras con Rusia y la capital del país, nosotros podemos quejarnos pero por aquí tienen que circular los autobuses de línea abarrotados de gente...
A las 8 de la noche encontramos un buen lugar donde acampar. Hoy toca lentejas y un poco de pan con queso. Todavía nos faltan unos 700 km para Ulan Bator y solo nos queda un día y medio para llegar, así que mañana habrá que madrugar:  al menos, ya no hace frío por la noche.

domingo, 5 de agosto de 2012

5 de Agosto. El coche anfibio.

Son las 6:30 de la mañana y toca levantarse. Lo cierto es que durante la noche ha hecho un frío del demonio y a pesar de los tres pares de calcetines no ha sido tarea fácil dormir un poco. Desayunamos café con leche y galletas mientras que observamos los picos nevados que rodean el altiplano donde hemos montado el campamento. Muchos de ellos superan con creces los 3000 metros de altitud así que no es de extrañar que la temperatura ronde los 4ºC y cada uno esté abrazando su taza de café.
El coche enciende sin problemas y reanudamos nuestro  camino. A los pocos kilómetros nos encontramos con el primer vadeo de consideración, hay un puente al lado del río pero tiene un tremendo agujero en el medio, así que toca bajarse del coche, estudiar la mejor forma de cruzar el cauce y mojarse los neumáticos. Esta tarea tendremos que repetirla varias veces a lo largo del día, afortunadamente sin problemas graves salvo en una ocasión en la que, tras cruzar el río, nos encontramos con una zona totalmente embarrada en la que el corsa se queda enterrado. Cuando ya estamos cavando con la pala para intentar salir del "lameiro", tenemos la fortuna de que pasa cerca un camión al que, con una botella de licor café como premio, logramos convencer para que nos remolque fuera del barro.



Unos kilómetros más adelante, nos encontramos con un equipo inglés parado en un pequeño pueblo  por culpa de un problema serio. En un vadeo han roto el cárter al golpearlo contra una piedra y,  con la ayuda de unos vecinos, están haciendo  un apaño para intentar tirar hasta un taller donde repararlo.
El día continúa entre caminos polvorientos, trampas de barro y un paisaje salvaje: un altiplano verde, rodeado de montañas nevadas y salpicado  por los tradicionales gers blancos que desde hace más de 2000 años forman parte de estas tierras. Aunque eso sí, los actuales se han adaptado a las nuevas tecnologías: placas solares y una antena parabólica combinan a la perfección con los elementos tradicionales.
El final del día nos reservaba lo más divertido: estos últimos días ha estado lloviendo más de lo habitual y nos encontramos con un río que se ha desbordado ocupando lo que antes era la carretera. Al parecer, no queda más remedio que pasar por ahí y el vadeo se las trae. Tenemos que cruzar varios tramos de entre 100 y 200 metros de longitud en los que el agua llega a subir por encima del capó y los limpiaparabrisas no sirven de nada por lo que, en algunos momentos, es necesario conducir a ciegas. Con una mezcla de suerte y pericia logramos no quedarnos atrapados en el barro y podemos continuar hasta cerca de las 8 de la tarde. Sobre esta hora comienza a  anochecer y es el momento de buscar un lugar donde acampar. Además no hemos parado ni para comer y la imagen de un poco de pasta cocinada en nuestro infiernillo mientras nubes de mosquitos nos rodean, nos tiene tan buena pinta como el mejor de los restaurantes.

sábado, 4 de agosto de 2012

4 de Agosto. Mongolia

Levantamos el campamento a las 6 de la mañana y retomamos la carretera hasta la frontera. El paisaje es cada vez más llamativo, estamos en la zona de las montañas de Altái , donde hay picos que superan los 4000 metros de altitud y eso se deja notar. Por la noche ha hecho bastante frío, el día está nublado y en los ratos que sale el sol la temperatura no sube más allá de los 14 grados.
La frontera de Mongolia es legendaria entre los participantes del Mongol Rally por el tiempo que puede llevar cruzarla. Al parecer no es extraño tener que estar uno o dos días completos esperando antes de poder entrar en el país: la cantidad de equipos que pueden llegar a la vez, el papeleo que es necesario realizar en aduanas en relación con la donación del vehículo y la calma con que los mongoles se toman las cosas, parece justificar la espera.
Llegamos sobre las 8 de la mañana al lado ruso. A pesar de no tener problemas, lo cierto es que esta frontera es un poco más liosa de pasar de lo normal.  Primero tenemos que dirigirnos a una caseta de inmigración en la que revisan nuestros pasaportes y nos dan un papelito. Luego vamos al puesto de guardia y de nuevo enseñamos los pasaportes, nos abren la verja, aparcamos el coche y pasamos por aduanas y por control de pasaportes. A continuación volvemos al coche, revisan el vehículo, nos preguntan si llevamos armas o drogas y podemos continuar. A la salida de las instalaciones aduaneras, el asfalto desaparece y ya estamos circulando por una pista embarrada por la lluvia que está cayendo. Nos da la sensación de que ya estamos en Mongolia, pero lo cierto es que ambas fronteras están separadas varios kilómetros y todavía tendremos que parar en otros dos controles rusos para que revisen nuestros pasaportes.
Finalmente llegamos a un alto y vemos la frontera. Casi no nos lo podemos creer: solo hay tres coches haciendo cola, todos ellos del Mongol Rally. Llegamos justo a tiempo de pasar el control de pasaportes, entregar la documentación del vehículo y comenzar con el papeleo para la importación antes de que paren para comer. Charlamos con los otros equipos: hasta aquí todos hemos sido afortunados y ninguno hemos tenido problema graves ni  mecánicos ni de ningún otro tipo. Esperemos que continúe nuestra buena suerte...
Ya son más de las 3 y poco el personal de aduanas va regresando de comer. Según la información que nos dio la organización la frontera cierra a las 4, pero esperamos que completen los trámites antes de marcharse y que no sean capaces de dejarnos toda la noche esperando. Nos llama la atención que el sistema que emplean para tasar el vehículo sea el de buscar precios de otros similares en páginas de compraventa de Internet como www.autoscout24.es/


A las 4 de la tarde nos entregan los documentos para la importación y nos dicen que podemos continuar. Un  par de guardias revisan nuestro coche y se las ingenian para liarnos y quedarse con parte de nuestras últimas reservas de licor café, pero no nos importa demasiado: por fin estamos en Mongolia. Llueve, la altitud es de más de 2000 metros y hace frío.
A la salida de la frontera tenemos que contratar un seguro de viaje para el vehículo y hay varias personas ofreciéndose a cambiar dólares o euros por tugriks. Es curioso como se produce el regateo para fijar la tasa de cambio: a base de dibujar números sobre las ventanillas llenas de barro y polvo del coche.
Nos separan unos 120 km de Olgii y nuestra intención es pasarlo y acampar en el primer sitio que tenga buena pinta. Cambiamos las ruedas delanteras del coche por las de tierra y nieve que llevamos de repuesto. Nos van a hacer mucha falta. Durante esta tarde empezamos a ver de qué va la cosa: la carretera está mojada, llena de barro en algunas zonas y nos toca nuestro primer vadeo. Está claro que llegar hasta Ulan Bator el día 8 no va a ser sencillo pero también está claro que tampoco va a ser aburrido.



viernes, 3 de agosto de 2012

Día 3. Malo Será ya habla Ruso

Son casi las 9 de la mañana, estamos llegando a la frontera y todavía estamos un poco dormidos. Nos encontramos con lo que nos parece el tipo control de carreteras ruso, hay que reducir la velocidad, hacer un stop y luego pasar despacio por delante del policía de turno. Justo cuando estamos a punto de acelerar para continuar camino, oímos unos gritos saliendo de la garita del puesto de control. En ese momento, al ver los edificios delante nuestra nos damos cuenta del error: no es un control de carreteras, es el puesto fronterizo. Bajo del coche con los pasaportes y la documentación y me dirijo al guardia que está hecho una fiera. Apenas habla inglés pero intento explicarle nuestra confusión y me deshago en disculpas. El sigue enfadado y me señala los galones de su chaqueta para darme a entender que si quiere me la puede liar. Cuando se tranquiliza un poco, revisa los pasaportes y me dice "present".  Ya estamos: quiere un regalo, pero nosotros no estamos dispuestos a aflojar dinero. Me hago el loco al estilo habitual: no entiendo, España ,mongol rally, Ulan bator... mientras el insiste: "present" y galones en la chaqueta... Al final cedo y digo "souvenir", a lo que él asiente con la cabeza. Vuelvo al coche, cojo una bolsa de la "caja de souvenirs" del asiento trasero y se la entrego con una enorme sonrisa y la siguiente explicación:
-Souvenir, Barcelona.
Él mira la bolsa extrañado y pregunta: ¿F. C. Barcelona?
-No, No, Barcelona ciudad. Yo Barcelona, bolsa de Barcelona...
Antes de darle tiempo a pensárselo mucho, recojo los pasaportes, sonrío de nuevo y dejo al guardia dándole vueltas a una bonita bolsa de color naranja y con la inscripción: "Independientes por Rábade"
Por lo demás, pasamos la frontera sin problemas. No hay colas y el personal de ambos lados es muy amable con nosotros. Estamos en Rusia... de nuevo...
A las 12 llegamos a estación del tren de Barnaul y nos ponemos a hacer sitio en el coche para acoger al nuevo integrante del equipo. Es un trabajo complicado pero como Pablo habla ruso, creemos que merece la pena el esfuerzo. El tren llega puntual y es difícil explicar la alegría que nos llevamos al vernos. Parecía complicado que esto saliera bien, fue complicado que saliera bien e increíblemente salió bien...
Compramos unas brochetas de pollo en un puesto callejero, algo de bebida en el supermercado y reanudamos la marcha. Nuestra intención es tomar la M52 en dirección a la frontera mongola. Esta carretera es conocida como "Chuysky Trakt". Discurre siguiendo el curso de un río y según hemos leído en la guía de L. Planet y foros como BMW Riders, debería de ser uno de esos tramos que hacen que valga la pena el viaje.



A media tarde pasamos Gorno-Altaysk y nos encontramos con una zona llena de turistas rusos. El paisaje de montaña y un caudaloso río hacen que al pie de la carretera se agolpen  un montón de empresas que ofrecen la posibilidad de practicar rafting o de recorrer rutas a caballo o en bicicleta. Pero en cuanto avanzamos algunos kilómetros más la cosa va cambiando: la carretera empieza a volverse más solitaria, el paisaje de montaña más salvaje y el aspecto de los pueblos que vamos pasando deja ver que la vida en esta zona debe de ser bastante dura.
Se acaba el día y decidimos que no merece la pena seguir hasta la frontera. Probablemente cuando lleguemos esté cerrada y además tendríamos que terminar este tramo de carretera de noche. Así que acampamos al lado de un río y hacemos una hoguera que aprovechamos para asar los últimos chorizos que nos quedan en la despensa.


jueves, 2 de agosto de 2012

Día 2. Más embajada.

A las 8 de la mañana estamos delante de la embajada. Como ya empezamos a ser parroquianos de esta zona, saludamos a varias personas que también estaban el lunes. Nos apuntamos en el lista y a esperar. Hoy tenemos el número 5, así que a las 10:15 ya estamos delante de la ventanilla número 2. Ponemos nuestra mejor sonrisa y junto con un "aquí estamos otra vez", le entregamos al funcionario el formulario y las fotocopias. Casi nos da un ataque al corazón cuando nos dice que falta una fotocopia del carné de conducir del propietario del vehículo.¿Para qué narices la necesitarán?  Protestamos diciendo que el lunes no nos dijo que fuera necesaria,  pero él nos responde que podemos hacer la fotocopia en la ventanilla número 1. Tras este pequeño susto, pagamos y entregamos la solicitud del visado: nos lo darán por la tarde a las 17:30.
Hacemos tiempo hasta la hora de recoger nuestros preciados pasaportes y repasamos el itinerario. Pablo esta refugiado en Novosibirsk y va a tomar un tren que lo dejará a las 12:30 del día 3 en la estación de Barnaul. Allí tendremos que estar nosotros para recogerlos y como no vamos a salir de Astaná hasta eso de las 18:00 y nos separan unos 1200 km y una frontera del objetivo, pinta que esta noche no vamos a dormir mucho.
Dando un paseo al lado del río, coincidimos con tres equipos ingleses que están también están esperando por problemas de visados. Al parecer una chica que va con ellos se ha olvidado de solicitar el visado para Mongolia y ha tenido que tomar un avión hasta Almaty para obtener uno en la embajada de Mongolia. Así que llevan 3 días esperando por ella. La verdad es que olvidarse del visado para Mongolia...
A las 17:00 estamos delante de la embajada. Media hora después tenemos el pasaporte con un visado de tránsito de 5 días de duración. Arrancamos el corsita y salimos en dirección a Barnaul. Ya conocemos la carretera, así que sabemos que, en general, está en buenas condiciones según nuestra escala particular. Es decir: hay asfalto, algunos tramos están pintados y no hay socavones capaces de tragarse el coche durante la noche.
Tras conducir casi sin parar hasta las 4 de la mañana solo nos quedan unos 100 km hasta la frontera de Semey. Dormimos un par de horas y retomamos el camino hasta la frontera. ¿Lograremos pasar sin problemas?

miércoles, 1 de agosto de 2012

Día 1. Turismo y mecánica.

A primera hora de la mañana localizamos un taller en el que podemos cambiar el aceite y el filtro. Llevamos los repuestos en el coche y podríamos hacerlo nosotros mismos pero nos da un poco de pereza y como tampoco tenemos nada mejor que hacer... Nos reímos un rato con los tres chicos que trabajan en el taller. Son bastante simpáticos y tenemos con ellos la habitual charla sobre España,  fútbol y una pequeña lección de geografía con nuestro recorrido de fondo. Uno de ellos se empeña en señalarnos el motor del coche y decirnos una palabra que suena a algo así como "avión". Ni idea de lo que nos dice, pero como se está riendo no parece que tenga nada que ver con algún problema mecánico. Si alguien sabe hablar kazajo y tiene alguna idea de lo que este hombre nos quería explicar, le agradeceríamos que deje un comentario para que no nos corroa más la curiosidad... Nos cobran algo menos de 5 euros por el trabajo y como por el hotel pagamos 20 euros por noche y habitación doble, nos sigue quedando presupuesto para hacer algo de turismo por la tarde.
Astaná es un ciudad que resulta curiosa. Desde 1998 es la nueva capital de Kazajistan. El gobierno ha puesto su empeño en que sea el símbolo de la modernidad del país y paseando por ella no deja de llamar la atención el contraste entre los modernos edificios,  diseñados por arquitectos como  Norman Foster,  y las calles sin asfaltar y llenas de barro a unos cientos de metros de ellos. Las avenidas están llenas de vehículos de alta gama y aunque a nosotros algunas de las edificaciones y monumentos nos parece que podían encajar perfectamente en alguno de esos cuadros tipo cataratas multicolor que venden en los chinos, al parecer para los kazajos su flamante capital es motivo de orgullo nacional.



De vuelta en el hotel contactamos con Carlos, él y su C15 siguen en Almaty.  Está desesperado esperando por el billete de avión que necesita para regresar desde Rusia y que hace varios días que debería haber recibido. 
En el hotel también coincidimos una pareja de americanos que están de vacaciones con su hijo adoptivo. El chico (un rollizo adolescente de unos 16 años), es de Kazajistán y lo han traído para que conozca su país  de origen. Mientras hablamos él sigue jugando con su tablet y de vez en cuando nos mira con cara de estoy harto de este viaje, por favor, que alguien me devuelva al reino de la hamburguesa...
Revisamos toda la documentación y nos preparamos para mañana: sabemos lo que hacemos, estamos motivados y nadie va a impedir que salgamos de la embajada con el visado sea como sea.