La frontera de Mongolia es legendaria entre los participantes del Mongol Rally por el tiempo que puede llevar cruzarla. Al parecer no es extraño tener que estar uno o dos días completos esperando antes de poder entrar en el país: la cantidad de equipos que pueden llegar a la vez, el papeleo que es necesario realizar en aduanas en relación con la donación del vehículo y la calma con que los mongoles se toman las cosas, parece justificar la espera.
Llegamos sobre las 8 de la mañana al lado ruso. A pesar de no tener problemas, lo cierto es que esta frontera es un poco más liosa de pasar de lo normal. Primero tenemos que dirigirnos a una caseta de inmigración en la que revisan nuestros pasaportes y nos dan un papelito. Luego vamos al puesto de guardia y de nuevo enseñamos los pasaportes, nos abren la verja, aparcamos el coche y pasamos por aduanas y por control de pasaportes. A continuación volvemos al coche, revisan el vehículo, nos preguntan si llevamos armas o drogas y podemos continuar. A la salida de las instalaciones aduaneras, el asfalto desaparece y ya estamos circulando por una pista embarrada por la lluvia que está cayendo. Nos da la sensación de que ya estamos en Mongolia, pero lo cierto es que ambas fronteras están separadas varios kilómetros y todavía tendremos que parar en otros dos controles rusos para que revisen nuestros pasaportes.
Finalmente llegamos a un alto y vemos la frontera. Casi no nos lo podemos creer: solo hay tres coches haciendo cola, todos ellos del Mongol Rally. Llegamos justo a tiempo de pasar el control de pasaportes, entregar la documentación del vehículo y comenzar con el papeleo para la importación antes de que paren para comer. Charlamos con los otros equipos: hasta aquí todos hemos sido afortunados y ninguno hemos tenido problema graves ni mecánicos ni de ningún otro tipo. Esperemos que continúe nuestra buena suerte...
Ya son más de las 3 y poco el personal de aduanas va regresando de comer. Según la información que nos dio la organización la frontera cierra a las 4, pero esperamos que completen los trámites antes de marcharse y que no sean capaces de dejarnos toda la noche esperando. Nos llama la atención que el sistema que emplean para tasar el vehículo sea el de buscar precios de otros similares en páginas de compraventa de Internet como www.autoscout24.es/
A las 4 de la tarde nos entregan los documentos para la importación y nos dicen que podemos continuar. Un par de guardias revisan nuestro coche y se las ingenian para liarnos y quedarse con parte de nuestras últimas reservas de licor café, pero no nos importa demasiado: por fin estamos en Mongolia. Llueve, la altitud es de más de 2000 metros y hace frío.
A la salida de la frontera tenemos que contratar un seguro de viaje para el vehículo y hay varias personas ofreciéndose a cambiar dólares o euros por tugriks. Es curioso como se produce el regateo para fijar la tasa de cambio: a base de dibujar números sobre las ventanillas llenas de barro y polvo del coche.
Nos separan unos 120 km de Olgii y nuestra intención es pasarlo y acampar en el primer sitio que tenga buena pinta. Cambiamos las ruedas delanteras del coche por las de tierra y nieve que llevamos de repuesto. Nos van a hacer mucha falta. Durante esta tarde empezamos a ver de qué va la cosa: la carretera está mojada, llena de barro en algunas zonas y nos toca nuestro primer vadeo. Está claro que llegar hasta Ulan Bator el día 8 no va a ser sencillo pero también está claro que tampoco va a ser aburrido.
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