sábado, 24 de noviembre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
Conducir en Mongolia
Os dejamos un pequeño vídeo sobre conducir en Mongolia: lo más importante es llevar varios tubos de Corega Ultra para pegar bien los dientes a las encías y grandes cantidades de cinta americana para sujetar las piezas del coche que se van cayendo por el camino...
Música: "New Orleans Piano Madman - The Blind Lemons"
martes, 4 de septiembre de 2012
Despedida y cierre
Finalmente, estamos en casa y hemos logrado actualizar el blog hasta nuestra llegada a Pekín, desde donde tomamos un vuelo de regreso a Madrid. Queremos agradeceros a todos el interés y el apoyo prestado a este proyecto y esperamos, durante la próxima semana, publicar en este blog una selección de fotos y algún fragmento de vídeo sobre este viaje. Además, en fechas todavía por concretar, realizaremos una exposición fotográfica sobre el Mongol Rally con la que esperamos animar a algún insensato a participar en próximas ediciones de esta prueba solidaria.
La experiencia merece la pena y la única duda que se puede tener es si compensa inscribirse y cumplir con las normas de la organización o bien ir por libre. De cualquiera de las dos formas es posible viajar hasta Ulan Bator, donar el coche y realizar una aportación a una ONG, pero ambas opciones tienen ventajas y desventajas que hay que valorar de una forma muy personal. En cualquier caso, es un viaje del que no os arrepentiréis.
La experiencia merece la pena y la única duda que se puede tener es si compensa inscribirse y cumplir con las normas de la organización o bien ir por libre. De cualquiera de las dos formas es posible viajar hasta Ulan Bator, donar el coche y realizar una aportación a una ONG, pero ambas opciones tienen ventajas y desventajas que hay que valorar de una forma muy personal. En cualquier caso, es un viaje del que no os arrepentiréis.
jueves, 9 de agosto de 2012
9-10 de Agosto. Camino de Pekín.
Por la mañana vamos a recoger nuestros billetes y regresamos a la sede de la organización para conocer a las representantes del Lotus Center y entregarles los tablets. Parecen realmente agradecidas: andan bastante escasos de recursos relacionados con las nuevas tecnologías y este tipo de donativos les son de gran utilidad. Teníamos muchas ganas de visitar el colegio pero, desafortunadamente para nosotros, los niños están en un campamento de verano situado a unos 30 km de la capital y como la visita duraría todo el día, no estamos seguros de si volveríamos a tiempo para coger el tren.
Después de comer, nos dirigimos a la estación con antelación más que suficiente. El plan es el siguiente:
1. Debemos tomar el tren desde Ulan Bator hasta Zamyn-Üüd, que es la última población antes de la frontera China. Viajaremos en un compartimento con literas y capacidad para cuatro personas así que, al parecer tendremos un compañero de viaje.
2. Al llegar a la frontera, tendremos que bajarnos del tren y tomar un minibús que estará esperando junto a la estación y en el que, supuestamente, cruzaremos la frontera hasta la ciudad china de Elian. Para este minibus tenemos un billete en el que figura la matricula del mismo.
3. En la estación de autobuses de Elian, alguien estará esperando con un cartel de la empresa de autobuses para acompañarnos hasta el bus que nos llevará hasta Pekín. No tenemos billete, tan solo un vale con una foto, el nombre de la compañía y el trayecto: sin fechas ni horarios.
La verdad es que el viaje pinta que no va a ser aburrido, especialmente teniendo en cuenta la fama de los chinos de no hablar inglés y de lo difícil que puede ser comunicarse con ellos hasta por señas. Lo que no sabíamos es que , para completar el cuadro, el que nos vendió los billetes para el viaje era o bien un inepto o bien un caradura. Claro que eso lo íbamos a descubrir en pocas horas...
La primera parte del viaje comienza bastante bien, nuestro misterioso acompañante resultó ser una chica mongola que estudió en Europa. Así que pudimos mantener una interesante conversación en la que nos enteramos de muchas curiosidades sobre la forma de vida en Mongolia como, por ejemplo, que el precio de un ger ronda los 1500 euros o que los niños que viven en ellos, para ir a la escuela, normalmente tienen que desplazarse a casa de algún pariente que viva en una ciudad. Además el tren, a pesar de que tiene un montón de años y al contrario de lo que nos temíamos por nuestra experiencia con otros trenes asiáticos, está limpio y resulta bastante cómodo.
Son las 8 de la mañana cuando llegamos a Zamyn-Üüd. Nos bajamos del vagón y nuestra compañera se ofrece a ayudarnos a buscar el autobús. A la salida de la estación hay varios taxis y minibuses esperando pero el nuestro no aparece por ninguna parte. Por lo que puede averiguar nuestra nueva amiga e intérprete, el autobús ha salido y ya está en la frontera, pero una taxista afirma que nos puede llevar hasta él. Aceptamos el trato. Es un trayecto de apenas un kilómetro y al llegar a la frontera la taxista nos señala un par de minibuses que están parados esperando. Lo malo es que las matrículas no coinciden con la que figura en nuestros billetes,así que nos negamos a bajarnos del taxi a pesar de que su conductora está deseando que le demos el dinero y desaparezcamos. Al final, vuelve a llevarnos a la estación del tren y nos bajamos.
Se aproxima otro taxista que habla algo de inglés, más de lo mismo: que tenemos que pagar. Nosotros insistimos en que no vamos a pagar si no nos lleva a nuestro bus: no bus, no dinero... Subimos de nuevo al taxi y en esta ocasión, nos acerca a la estación de autobuses: allí hay varios buses más pero el nuestro sigue sin aparecer, además en las taquillas tampoco nos quieren vender otro billete. Nuestra taxista se parece cada vez más a Robert De Niro en "Taxi Driver", nos mete prisa para que subamos al coche y de nuevo nos lleva a la frontera. A pesar de lo agradable que resulta viajar en taxi, ya empezamos a estar cansados de hacer el mismo recorrido varias veces, así que cuando vemos que en esta ocasión la taxista habla con el conductor de uno de los autobuses que está esperando y este accede a dejarnos subir, nos llevamos una verdadera alegría. Eso sí, para entrar en el bus, primero nos exige que le demos a la taxista la cantidad de dinero convenida.
El bus va lleno hasta los topes y, lentamente, avanza hasta el control de pasaportes. Allí nos bajamos todos y la gente empieza a hacer cola para salir de Mongolia. El concepto de "hacer cola" es muy distinto del europeo y viene a significar que todo el mundo se agolpa y se empuja intentando colarse como si se tratara del inicio de las rebajas. En medio de esta melé, coincidimos con una pareja israelí que nos explica que es realmente difícil conseguir un billete de bus para cruzar la frontera, al parecer están muy solicitados, no es posible hacerse con ellos a última hora y además no está permitido cruzar la frontera andando. Nos dicen que mientras ellos estaban "haciendo cola" para sacar los suyos, se formó una tangana tan impresionante que tuvieron que intervenir varios policías con pistolas eléctricas para imponer orden. ¡Quién les iba a decir a Tesla o a Edison que con sus inventos estaban contribuyendo a la educación para la ciudadanía!
Pasamos el control de pasaportes y cuando nos disponemos a subir de nuevo al autobus nos llevamos una enorme sorpresa: el conductor nos indica que está lleno y que tenemos que esperar al próximo. No entendemos nada, pero no hay forma de que nos deje subir así que nos quedamos esperando en un camino polvoriento en tierra de nadie entre Mongolia y China. A los pocos minutos aparece un matrimonio con dos niños que viajaban con nosotros y a los que tampoco les hace nada de gracia la situación. Van pasando varios buses pero en todos nos dicen lo mismo: que no podemos subir, que tendríamos que habernos ido en el que nos tocaba. Empezamos a pensar que el conductor accedió a llevarnos solamente para que le pagáramos a su amiga taxista y que nos ha dejado tirados para hacernos la pascua. Afortunadamente, el matrimonio que está en nuestra misma situación habla un poco de ruso y nos dice que nos subamos al próximo bus y que no nos bajemos pase lo que pase. Aprovechamos un descuido del conductor para meternos todos dentro, sentarnos y sujetarnos al asiento como si fuera un escaño de diputado. Cuando el conductor se da cuenta de que tiene varios polizones, se pone como loco para que bajemos y no deja subir a nadie más. Nosotros decimos que no con las cabezas mientras que el matrimonio discute con él. Poco a poco, la cosa se va complicando: aparece un policía y otra persona más que parece ser un responsable de la compañía e insisten con tono bastante amenazador en que tenemos que bajarnos. Nosotros seguimos diciendo que no, hablando en español o inglés y les enseñamos nuestros billetes de bus al mismo tiempo que la madre empieza a perder los nervios y gritar con ellos. Después de varios minutos y tras varias llamadas de teléfono móvil acceden a dejarnos continuar. El resto de pasajeros suben al bus y nos trasladan a la frontera china. Parece que hemos tenido suerte y no vamos a ser los protagonistas de la segunda parte de la película "La terminal", basada en los hechos reales de un grupo de despistados atrapados entre dos países y que sobreviven gracias a la comida que les arrojan desde los coches. En fin, preferimos renunciar a un guión millonario a cambio de regresar a casa...
Nos bajamos en la parte china de la frontera y comprobamos que es radicalmente distinta: un edificio nuevo, policías asegurándose de que las colas sean ordenadas e incluso la posibilidad de valorar la eficacia del agente de control de pasaportes pulsando una tecla que está al lado de la ventanilla. Claro que eso nos da igual, lo que queremos es salir corriendo de nuevo al minibus para asegurarnos la plaza. Lo logramos y en apenas 15 minutos estamos en la estación de autobuses. Como es fácil imaginar, no hay ni rastro de una persona con un cartel esperando por nosotros, así que empezamos a dar vueltas por la estación enseñando nuestros billetes a cualquiera que tenga pinta de poder ayudarnos. La táctica surte efecto y uno de los "conserjes" de la estación nos hace señas de que esperemos un momento. Se va y, en unos minutos, regresa junto con un chica que, en inglés, afirma trabajar para la empresa de autobuses y quiere que la acompañemos a sus oficinas. Las "oficinas" resultan ser una mezcla de ultramarinos y bazar chino que está pegado a la puerta de la estación. Allí nos ofrece una alternativa al viaje en autobús. Al parecer, un amigo suyo tiene que llevar a una chica hasta Pekín y si queremos podemos ir con él a cambio de nuestros billetes. No tendremos que pagar nada a mayores y además llegaríamos a las 9 de la noche en lugar de las 6 de la mañana. Nos da la sensación de que lo que buscan es aprovechar un viaje en coche para llevarnos y, seguramente, revender nuestros billetes. Probablemente, no tengan nada que ver con la empresa de autobuses pero tampoco tienen pinta de pertenecer a una banda organizada de secuestradores de occidentales y, como la oferta es muy tentadora, decidimos aceptar.
Al final, es un acierto: hacemos el viaje en coche, algo apretados pero sin incidentes y llegamos a nuestro hotel sobre las 10 de la noche. Hace tanto tiempo que no vemos un cuarto de baño al estilo europeo que casi se nos saltan las lagrimas mirando una bañera...
Después de comer, nos dirigimos a la estación con antelación más que suficiente. El plan es el siguiente:
1. Debemos tomar el tren desde Ulan Bator hasta Zamyn-Üüd, que es la última población antes de la frontera China. Viajaremos en un compartimento con literas y capacidad para cuatro personas así que, al parecer tendremos un compañero de viaje.
2. Al llegar a la frontera, tendremos que bajarnos del tren y tomar un minibús que estará esperando junto a la estación y en el que, supuestamente, cruzaremos la frontera hasta la ciudad china de Elian. Para este minibus tenemos un billete en el que figura la matricula del mismo.
3. En la estación de autobuses de Elian, alguien estará esperando con un cartel de la empresa de autobuses para acompañarnos hasta el bus que nos llevará hasta Pekín. No tenemos billete, tan solo un vale con una foto, el nombre de la compañía y el trayecto: sin fechas ni horarios.
La verdad es que el viaje pinta que no va a ser aburrido, especialmente teniendo en cuenta la fama de los chinos de no hablar inglés y de lo difícil que puede ser comunicarse con ellos hasta por señas. Lo que no sabíamos es que , para completar el cuadro, el que nos vendió los billetes para el viaje era o bien un inepto o bien un caradura. Claro que eso lo íbamos a descubrir en pocas horas...
La primera parte del viaje comienza bastante bien, nuestro misterioso acompañante resultó ser una chica mongola que estudió en Europa. Así que pudimos mantener una interesante conversación en la que nos enteramos de muchas curiosidades sobre la forma de vida en Mongolia como, por ejemplo, que el precio de un ger ronda los 1500 euros o que los niños que viven en ellos, para ir a la escuela, normalmente tienen que desplazarse a casa de algún pariente que viva en una ciudad. Además el tren, a pesar de que tiene un montón de años y al contrario de lo que nos temíamos por nuestra experiencia con otros trenes asiáticos, está limpio y resulta bastante cómodo.
Son las 8 de la mañana cuando llegamos a Zamyn-Üüd. Nos bajamos del vagón y nuestra compañera se ofrece a ayudarnos a buscar el autobús. A la salida de la estación hay varios taxis y minibuses esperando pero el nuestro no aparece por ninguna parte. Por lo que puede averiguar nuestra nueva amiga e intérprete, el autobús ha salido y ya está en la frontera, pero una taxista afirma que nos puede llevar hasta él. Aceptamos el trato. Es un trayecto de apenas un kilómetro y al llegar a la frontera la taxista nos señala un par de minibuses que están parados esperando. Lo malo es que las matrículas no coinciden con la que figura en nuestros billetes,así que nos negamos a bajarnos del taxi a pesar de que su conductora está deseando que le demos el dinero y desaparezcamos. Al final, vuelve a llevarnos a la estación del tren y nos bajamos.
Se aproxima otro taxista que habla algo de inglés, más de lo mismo: que tenemos que pagar. Nosotros insistimos en que no vamos a pagar si no nos lleva a nuestro bus: no bus, no dinero... Subimos de nuevo al taxi y en esta ocasión, nos acerca a la estación de autobuses: allí hay varios buses más pero el nuestro sigue sin aparecer, además en las taquillas tampoco nos quieren vender otro billete. Nuestra taxista se parece cada vez más a Robert De Niro en "Taxi Driver", nos mete prisa para que subamos al coche y de nuevo nos lleva a la frontera. A pesar de lo agradable que resulta viajar en taxi, ya empezamos a estar cansados de hacer el mismo recorrido varias veces, así que cuando vemos que en esta ocasión la taxista habla con el conductor de uno de los autobuses que está esperando y este accede a dejarnos subir, nos llevamos una verdadera alegría. Eso sí, para entrar en el bus, primero nos exige que le demos a la taxista la cantidad de dinero convenida.
El bus va lleno hasta los topes y, lentamente, avanza hasta el control de pasaportes. Allí nos bajamos todos y la gente empieza a hacer cola para salir de Mongolia. El concepto de "hacer cola" es muy distinto del europeo y viene a significar que todo el mundo se agolpa y se empuja intentando colarse como si se tratara del inicio de las rebajas. En medio de esta melé, coincidimos con una pareja israelí que nos explica que es realmente difícil conseguir un billete de bus para cruzar la frontera, al parecer están muy solicitados, no es posible hacerse con ellos a última hora y además no está permitido cruzar la frontera andando. Nos dicen que mientras ellos estaban "haciendo cola" para sacar los suyos, se formó una tangana tan impresionante que tuvieron que intervenir varios policías con pistolas eléctricas para imponer orden. ¡Quién les iba a decir a Tesla o a Edison que con sus inventos estaban contribuyendo a la educación para la ciudadanía!
Pasamos el control de pasaportes y cuando nos disponemos a subir de nuevo al autobus nos llevamos una enorme sorpresa: el conductor nos indica que está lleno y que tenemos que esperar al próximo. No entendemos nada, pero no hay forma de que nos deje subir así que nos quedamos esperando en un camino polvoriento en tierra de nadie entre Mongolia y China. A los pocos minutos aparece un matrimonio con dos niños que viajaban con nosotros y a los que tampoco les hace nada de gracia la situación. Van pasando varios buses pero en todos nos dicen lo mismo: que no podemos subir, que tendríamos que habernos ido en el que nos tocaba. Empezamos a pensar que el conductor accedió a llevarnos solamente para que le pagáramos a su amiga taxista y que nos ha dejado tirados para hacernos la pascua. Afortunadamente, el matrimonio que está en nuestra misma situación habla un poco de ruso y nos dice que nos subamos al próximo bus y que no nos bajemos pase lo que pase. Aprovechamos un descuido del conductor para meternos todos dentro, sentarnos y sujetarnos al asiento como si fuera un escaño de diputado. Cuando el conductor se da cuenta de que tiene varios polizones, se pone como loco para que bajemos y no deja subir a nadie más. Nosotros decimos que no con las cabezas mientras que el matrimonio discute con él. Poco a poco, la cosa se va complicando: aparece un policía y otra persona más que parece ser un responsable de la compañía e insisten con tono bastante amenazador en que tenemos que bajarnos. Nosotros seguimos diciendo que no, hablando en español o inglés y les enseñamos nuestros billetes de bus al mismo tiempo que la madre empieza a perder los nervios y gritar con ellos. Después de varios minutos y tras varias llamadas de teléfono móvil acceden a dejarnos continuar. El resto de pasajeros suben al bus y nos trasladan a la frontera china. Parece que hemos tenido suerte y no vamos a ser los protagonistas de la segunda parte de la película "La terminal", basada en los hechos reales de un grupo de despistados atrapados entre dos países y que sobreviven gracias a la comida que les arrojan desde los coches. En fin, preferimos renunciar a un guión millonario a cambio de regresar a casa...
Nos bajamos en la parte china de la frontera y comprobamos que es radicalmente distinta: un edificio nuevo, policías asegurándose de que las colas sean ordenadas e incluso la posibilidad de valorar la eficacia del agente de control de pasaportes pulsando una tecla que está al lado de la ventanilla. Claro que eso nos da igual, lo que queremos es salir corriendo de nuevo al minibus para asegurarnos la plaza. Lo logramos y en apenas 15 minutos estamos en la estación de autobuses. Como es fácil imaginar, no hay ni rastro de una persona con un cartel esperando por nosotros, así que empezamos a dar vueltas por la estación enseñando nuestros billetes a cualquiera que tenga pinta de poder ayudarnos. La táctica surte efecto y uno de los "conserjes" de la estación nos hace señas de que esperemos un momento. Se va y, en unos minutos, regresa junto con un chica que, en inglés, afirma trabajar para la empresa de autobuses y quiere que la acompañemos a sus oficinas. Las "oficinas" resultan ser una mezcla de ultramarinos y bazar chino que está pegado a la puerta de la estación. Allí nos ofrece una alternativa al viaje en autobús. Al parecer, un amigo suyo tiene que llevar a una chica hasta Pekín y si queremos podemos ir con él a cambio de nuestros billetes. No tendremos que pagar nada a mayores y además llegaríamos a las 9 de la noche en lugar de las 6 de la mañana. Nos da la sensación de que lo que buscan es aprovechar un viaje en coche para llevarnos y, seguramente, revender nuestros billetes. Probablemente, no tengan nada que ver con la empresa de autobuses pero tampoco tienen pinta de pertenecer a una banda organizada de secuestradores de occidentales y, como la oferta es muy tentadora, decidimos aceptar.
Al final, es un acierto: hacemos el viaje en coche, algo apretados pero sin incidentes y llegamos a nuestro hotel sobre las 10 de la noche. Hace tanto tiempo que no vemos un cuarto de baño al estilo europeo que casi se nos saltan las lagrimas mirando una bañera...
miércoles, 8 de agosto de 2012
8 de agosto. La meta.
Mientras estamos cargando las mochilas en el maletero para continuar el viaje, una furgoneta-taxi para delante nuestra para que sus ocupantes puedan hacer una visita al "cuarto de baño". De la furgoneta comienza a bajarse gente y contamos un total de 14 personas: nos cuesta trabajo imaginar cómo podían estar encajados dentro. ¿Alguno hará el viaje completo desde Ulan Bator hasta Olgii?.¡Y nososotros nos quejábamos!
La estación no está lejos y vamos dando un paseo, todo el mundo dice que en Ulan Bator no hay mucho que ver y la verdad es que parece que el comentario es acertado. Nos llama la atención ver algunos gers entre modernos bloques de edificios; al parecer, algunas familias que se desplazan a la capital para facilitar la educación de sus hijos, no tienen dinero suficiente para comprar o alquilar un piso y se ven obligados a instalarse en su propia vivienda.
En la estación del tren nos enteramos de que no quedan billetes. Para el transmongoliano que une Moscú con Pekín está todo vendido hasta mediados de septiembre y aunque hay un tren que nos llevaría hasta Elian, ya en China, tampoco quedan billetes. En frente de la estación del tren, estrategicamente situada, hay una pequeña agencia de viajes. En ella ofrecen una opción para salir al día siguiente: podemos ir en el tren que va a Pekín hasta llegar a la frontera, donde tendremos que bajarnos para cruzarla en un minibus y luego continuar en bus hasta Pekín. La cosa no parece fácil y el viaje es bastante largo, saldríamos el viernes a la tarde y llegaríamos el domingo de madrugada, pero como no nos queda otra aceptamos y quedamos en recoger los billetes al día siguiente.
Por la tarde visitamos el monasterio de Choijin Lama que es una de esas visitas que, por sorpresa, resultan bastante entretenidas.
Parece que todo está arreglado, mañana por la mañana nos reuniremos con las representantes de Lotus Children´s Center para entregarles los tablets y por la tarde saldremos para China. Lo que en aquel momento no sabíamos es lo que nos esperaba en la frontera: una última aventura...
El resto del camino hasta la capital es sencillo y llegamos a media mañana. Localizamos la sede de la organización, cubrimos los documentos de entrega del coche y nos hacemos las fotos de rigor. Hemos llegado en el puesto 16 sobre un total de 300 equipos participantes. En el mismo edificio, "The adventurist" dispone de un bar y también hay un hotel en el que conseguimos un par de habitaciones así que, una vez instalados, vamos a la estación del tren para ver si es posible conseguir billetes hasta Pekín para mañana. Por lo que nos han comentado los de la organización, no va a ser tarea sencilla...
La estación no está lejos y vamos dando un paseo, todo el mundo dice que en Ulan Bator no hay mucho que ver y la verdad es que parece que el comentario es acertado. Nos llama la atención ver algunos gers entre modernos bloques de edificios; al parecer, algunas familias que se desplazan a la capital para facilitar la educación de sus hijos, no tienen dinero suficiente para comprar o alquilar un piso y se ven obligados a instalarse en su propia vivienda.
En la estación del tren nos enteramos de que no quedan billetes. Para el transmongoliano que une Moscú con Pekín está todo vendido hasta mediados de septiembre y aunque hay un tren que nos llevaría hasta Elian, ya en China, tampoco quedan billetes. En frente de la estación del tren, estrategicamente situada, hay una pequeña agencia de viajes. En ella ofrecen una opción para salir al día siguiente: podemos ir en el tren que va a Pekín hasta llegar a la frontera, donde tendremos que bajarnos para cruzarla en un minibus y luego continuar en bus hasta Pekín. La cosa no parece fácil y el viaje es bastante largo, saldríamos el viernes a la tarde y llegaríamos el domingo de madrugada, pero como no nos queda otra aceptamos y quedamos en recoger los billetes al día siguiente.
Por la tarde visitamos el monasterio de Choijin Lama que es una de esas visitas que, por sorpresa, resultan bastante entretenidas.
Parece que todo está arreglado, mañana por la mañana nos reuniremos con las representantes de Lotus Children´s Center para entregarles los tablets y por la tarde saldremos para China. Lo que en aquel momento no sabíamos es lo que nos esperaba en la frontera: una última aventura...
martes, 7 de agosto de 2012
7 de agosto. La búsqueda del asfalto.
Nos quedan unos 700 por kilómetros para llegar a Ulan Bator. Por las noticias que tenemos los últimos 400 están asfaltados. Nuestro objetivo para hoy es alcanzar esa carretera en buen estado que nos asegure llegar mañana a la capital con tiempo suficiente para realizar el papeleo de entrega del vehículo, contactar con la ONG Lotus Children´s Center y sacar los billetes de tren para Pekín.
A medida que discurren los kilómetros, vemos que la cosa no va a ser sencilla: la uralita se resiste a desaparecer y además, debido a las lluvias de los últimos días, hay tramos en los que el camino está cubierto de barro, lo que nos obliga a bajarnos y buscar la mejor zona para pasar.
Andamos escasos de moneda local, asi que nos detenemos en un pueblo para cambiar doláres y comprar gasolina. En los bancos no cambian moneda y a base de preguntar, terminamos negociando con la dueña de un pequeño bar que cierra el trato ofreciéndonos unos enormes tazones de leche caliente con té y sal que no nos queda más remedio que bebernos hasta la última gota.
Durante el camino nos encontramos con el equipo de Fernando, Jordi y su Ford Ka que avanzan acompañados por otros equipos italianos. Como tienen más tiempo que nosotros se lo están tomando con más calma (menuda envidia), así que tras una breve pero emotiva charla, nos despedimos con la esperanza de coincidir de nuevo en Ulan Bator.
A medida que avanzamos, el paisaje árido y desértico deja paso a la estepa verde y los tradicionales gers vuelven a aparecer por todas partes al mismo tiempo que se multiplica el número de pistas paralelas que parecen ir al mismo sitio: en algún momento llegamos a contar más de 20.
El reloj no se detiene, está próxima la hora de anochecer y todavía no hemos alcanzado el asfalto. Según las instrucciones de la organización no es nada recomendable viajar de noche. Las razones son que el riesgo de perderse aumenta (en una ocasión un equipo se despistó tanto que terminó en China) y que es fácil terminar metido en un enorme bache o enterrado en el lodo. Cuando estamos dudando entre arriesgar y continuar o bien acampar y madrugar, vemos pasar una de esas furgonetas que hacen las veces de minitaxi. Se nos ocurre que seguramente esté haciendo la misma ruta que nosotros y que probablemente podamos seguirla. La decisión resulta acertada. El conductor se sabe la carretera de memoria y lo perseguimos hasta que hace una parada para que los pasajeros se bajen un momento. Es costumbre que estos taxis hagan paradas periódicas para que los viajeros puedan hacer sus necesidades, poblando la estepa de culos al aire que se integran en el paisaje sin pudor alguno. Aprovechamos este momento para hablar con el conductor a ver sino le importa que le sigamos, nos dice que no hay ningún problema, se dirigen a Ulan Bator y podemos seguirlos todo el tiempo que queramos.
Todavía tendremos que realizar un último vadeo, afortunadamente en esta ocasión, con la ventaja de tener a alguien que nos marca el camino, ya que el río lleva bastante agua y el propio taxista se baja a consultar a unos lugareños que oportunamente aparecieron por allí, sobre el mejor modo de vadear. Aproximadamente a las 2 de la mañana llegamos a un pequeño pueblo en el que encontramos, al pie de la carretera asfaltada, un pequeño hostal con habitaciones libres. Como estamos a unos 300 km de Ulan Bator pensamos que ya es hora de descansar un poco. Las habitaciones son, por utilizar un eufemismo, "sencillas": las camas son bastante más duras que el asfalto, el cuarto de baño está en una caseta de madera a unos 150 metros al otro lado de la carretera y por la ducha ni preguntamos. De todas todas, viendo las pintas que tenemos y el polvo del desierto que se acumula en nuestras mochilas, tampoco creo que nos hubieran dejado poner los pies en un hotel de cuatro estrellas. Nos acordamos de alguna de esas películas de vaqueros en las que el protagonista, barbudo, sucio y maloliente se mete en una bañera llena hasta los bordes y la verdad es que, como al perro de Paulov, la boca se nos hace agua.
A medida que discurren los kilómetros, vemos que la cosa no va a ser sencilla: la uralita se resiste a desaparecer y además, debido a las lluvias de los últimos días, hay tramos en los que el camino está cubierto de barro, lo que nos obliga a bajarnos y buscar la mejor zona para pasar.
Andamos escasos de moneda local, asi que nos detenemos en un pueblo para cambiar doláres y comprar gasolina. En los bancos no cambian moneda y a base de preguntar, terminamos negociando con la dueña de un pequeño bar que cierra el trato ofreciéndonos unos enormes tazones de leche caliente con té y sal que no nos queda más remedio que bebernos hasta la última gota.
Durante el camino nos encontramos con el equipo de Fernando, Jordi y su Ford Ka que avanzan acompañados por otros equipos italianos. Como tienen más tiempo que nosotros se lo están tomando con más calma (menuda envidia), así que tras una breve pero emotiva charla, nos despedimos con la esperanza de coincidir de nuevo en Ulan Bator.
A medida que avanzamos, el paisaje árido y desértico deja paso a la estepa verde y los tradicionales gers vuelven a aparecer por todas partes al mismo tiempo que se multiplica el número de pistas paralelas que parecen ir al mismo sitio: en algún momento llegamos a contar más de 20.
El reloj no se detiene, está próxima la hora de anochecer y todavía no hemos alcanzado el asfalto. Según las instrucciones de la organización no es nada recomendable viajar de noche. Las razones son que el riesgo de perderse aumenta (en una ocasión un equipo se despistó tanto que terminó en China) y que es fácil terminar metido en un enorme bache o enterrado en el lodo. Cuando estamos dudando entre arriesgar y continuar o bien acampar y madrugar, vemos pasar una de esas furgonetas que hacen las veces de minitaxi. Se nos ocurre que seguramente esté haciendo la misma ruta que nosotros y que probablemente podamos seguirla. La decisión resulta acertada. El conductor se sabe la carretera de memoria y lo perseguimos hasta que hace una parada para que los pasajeros se bajen un momento. Es costumbre que estos taxis hagan paradas periódicas para que los viajeros puedan hacer sus necesidades, poblando la estepa de culos al aire que se integran en el paisaje sin pudor alguno. Aprovechamos este momento para hablar con el conductor a ver sino le importa que le sigamos, nos dice que no hay ningún problema, se dirigen a Ulan Bator y podemos seguirlos todo el tiempo que queramos.
Todavía tendremos que realizar un último vadeo, afortunadamente en esta ocasión, con la ventaja de tener a alguien que nos marca el camino, ya que el río lleva bastante agua y el propio taxista se baja a consultar a unos lugareños que oportunamente aparecieron por allí, sobre el mejor modo de vadear. Aproximadamente a las 2 de la mañana llegamos a un pequeño pueblo en el que encontramos, al pie de la carretera asfaltada, un pequeño hostal con habitaciones libres. Como estamos a unos 300 km de Ulan Bator pensamos que ya es hora de descansar un poco. Las habitaciones son, por utilizar un eufemismo, "sencillas": las camas son bastante más duras que el asfalto, el cuarto de baño está en una caseta de madera a unos 150 metros al otro lado de la carretera y por la ducha ni preguntamos. De todas todas, viendo las pintas que tenemos y el polvo del desierto que se acumula en nuestras mochilas, tampoco creo que nos hubieran dejado poner los pies en un hotel de cuatro estrellas. Nos acordamos de alguna de esas películas de vaqueros en las que el protagonista, barbudo, sucio y maloliente se mete en una bañera llena hasta los bordes y la verdad es que, como al perro de Paulov, la boca se nos hace agua.
lunes, 6 de agosto de 2012
6 de agosto. Uralita y dromedarios.
Nos levantamos a las 6 de la mañana con la esperanza de que los mosquitos mongoles no sean muy madrugadores y nos dejen desayunar en paz, pero lamentablemente parece que el aroma del café es capaz de despertarlos en un tiempo récord y rápidamente se acercan a hacernos compañía.
A medida que avanza la jornada, se acentúa el cambio en el paisaje que ya se había iniciado el día anterior. La altitud desciende mientras desaparecen las cumbres nevadas y los arroyos para dejar paso a un paisaje árido y seco: estamos en las estribaciones del desierto del Gobi. Aunque pudiera parecerlo, la temperatura no es un problema, ya que en ningún momento del día supera los 30ºC, a pesar de estar en un desierto: la altitud sigue rondando los 1500 metros y eso se deja notar. El verdadero problema está bajo las ruedas: el camino parece fabricado a base de placas de uralita que hacen que todo el coche vibre como si se fuera caer en pedazos. Teóricamente, en este tipo de firme se debe circular a una velocidad por encima de los 60 km/h, de forma que el coche "flote" sobre las ondulaciones de la carretera. La teoría funciona pero tiene el grave inconveniente de que es realmente arriesgado, de vez en cuando aparecen socavones en los que no nos gustaría dejarnos parte de la suspensión y a esa velocidad es realmente complicado evitarlos a tiempo. Es decir, no nos queda otra más que armarnos de paciencia, apretar bien los dientes para no perder ninguno por culpa de las vibraciones y comernos la uralita con patatas.
Conducir en estas condiciones es un tanto desesperante, hay multitud de caminos casi pararelos y por más que te esfuerces en intentar adivinar cuál será el mejor para nuestras cervicales al final, elijas el que elijas, el resultado parece ser el mismo: no hay escapatoria. La uralita está por todas partes, el traqueteo es desesperante y no podemos dejar de pensar que estamos circulando por una carretera cuyo equivalente en España podría ser la N-VI. Al fin y al cabo es la conexión entre una de las dos fronteras con Rusia y la capital del país, nosotros podemos quejarnos pero por aquí tienen que circular los autobuses de línea abarrotados de gente...
A las 8 de la noche encontramos un buen lugar donde acampar. Hoy toca lentejas y un poco de pan con queso. Todavía nos faltan unos 700 km para Ulan Bator y solo nos queda un día y medio para llegar, así que mañana habrá que madrugar: al menos, ya no hace frío por la noche.
A medida que avanza la jornada, se acentúa el cambio en el paisaje que ya se había iniciado el día anterior. La altitud desciende mientras desaparecen las cumbres nevadas y los arroyos para dejar paso a un paisaje árido y seco: estamos en las estribaciones del desierto del Gobi. Aunque pudiera parecerlo, la temperatura no es un problema, ya que en ningún momento del día supera los 30ºC, a pesar de estar en un desierto: la altitud sigue rondando los 1500 metros y eso se deja notar. El verdadero problema está bajo las ruedas: el camino parece fabricado a base de placas de uralita que hacen que todo el coche vibre como si se fuera caer en pedazos. Teóricamente, en este tipo de firme se debe circular a una velocidad por encima de los 60 km/h, de forma que el coche "flote" sobre las ondulaciones de la carretera. La teoría funciona pero tiene el grave inconveniente de que es realmente arriesgado, de vez en cuando aparecen socavones en los que no nos gustaría dejarnos parte de la suspensión y a esa velocidad es realmente complicado evitarlos a tiempo. Es decir, no nos queda otra más que armarnos de paciencia, apretar bien los dientes para no perder ninguno por culpa de las vibraciones y comernos la uralita con patatas.
Conducir en estas condiciones es un tanto desesperante, hay multitud de caminos casi pararelos y por más que te esfuerces en intentar adivinar cuál será el mejor para nuestras cervicales al final, elijas el que elijas, el resultado parece ser el mismo: no hay escapatoria. La uralita está por todas partes, el traqueteo es desesperante y no podemos dejar de pensar que estamos circulando por una carretera cuyo equivalente en España podría ser la N-VI. Al fin y al cabo es la conexión entre una de las dos fronteras con Rusia y la capital del país, nosotros podemos quejarnos pero por aquí tienen que circular los autobuses de línea abarrotados de gente...
A las 8 de la noche encontramos un buen lugar donde acampar. Hoy toca lentejas y un poco de pan con queso. Todavía nos faltan unos 700 km para Ulan Bator y solo nos queda un día y medio para llegar, así que mañana habrá que madrugar: al menos, ya no hace frío por la noche.
domingo, 5 de agosto de 2012
5 de Agosto. El coche anfibio.
Son las 6:30 de la mañana y toca levantarse. Lo cierto es que durante la noche ha hecho un frío del demonio y a pesar de los tres pares de calcetines no ha sido tarea fácil dormir un poco. Desayunamos café con leche y galletas mientras que observamos los picos nevados que rodean el altiplano donde hemos montado el campamento. Muchos de ellos superan con creces los 3000 metros de altitud así que no es de extrañar que la temperatura ronde los 4ºC y cada uno esté abrazando su taza de café.
El coche enciende sin problemas y reanudamos nuestro camino. A los pocos kilómetros nos encontramos con el primer vadeo de consideración, hay un puente al lado del río pero tiene un tremendo agujero en el medio, así que toca bajarse del coche, estudiar la mejor forma de cruzar el cauce y mojarse los neumáticos. Esta tarea tendremos que repetirla varias veces a lo largo del día, afortunadamente sin problemas graves salvo en una ocasión en la que, tras cruzar el río, nos encontramos con una zona totalmente embarrada en la que el corsa se queda enterrado. Cuando ya estamos cavando con la pala para intentar salir del "lameiro", tenemos la fortuna de que pasa cerca un camión al que, con una botella de licor café como premio, logramos convencer para que nos remolque fuera del barro.
El coche enciende sin problemas y reanudamos nuestro camino. A los pocos kilómetros nos encontramos con el primer vadeo de consideración, hay un puente al lado del río pero tiene un tremendo agujero en el medio, así que toca bajarse del coche, estudiar la mejor forma de cruzar el cauce y mojarse los neumáticos. Esta tarea tendremos que repetirla varias veces a lo largo del día, afortunadamente sin problemas graves salvo en una ocasión en la que, tras cruzar el río, nos encontramos con una zona totalmente embarrada en la que el corsa se queda enterrado. Cuando ya estamos cavando con la pala para intentar salir del "lameiro", tenemos la fortuna de que pasa cerca un camión al que, con una botella de licor café como premio, logramos convencer para que nos remolque fuera del barro.
Unos kilómetros más adelante, nos encontramos con un equipo inglés parado en un pequeño pueblo por culpa de un problema serio. En un vadeo han roto el cárter al golpearlo contra una piedra y, con la ayuda de unos vecinos, están haciendo un apaño para intentar tirar hasta un taller donde repararlo.
El día continúa entre caminos polvorientos, trampas de barro y un paisaje salvaje: un altiplano verde, rodeado de montañas nevadas y salpicado por los tradicionales gers blancos que desde hace más de 2000 años forman parte de estas tierras. Aunque eso sí, los actuales se han adaptado a las nuevas tecnologías: placas solares y una antena parabólica combinan a la perfección con los elementos tradicionales.
El final del día nos reservaba lo más divertido: estos últimos días ha estado lloviendo más de lo habitual y nos encontramos con un río que se ha desbordado ocupando lo que antes era la carretera. Al parecer, no queda más remedio que pasar por ahí y el vadeo se las trae. Tenemos que cruzar varios tramos de entre 100 y 200 metros de longitud en los que el agua llega a subir por encima del capó y los limpiaparabrisas no sirven de nada por lo que, en algunos momentos, es necesario conducir a ciegas. Con una mezcla de suerte y pericia logramos no quedarnos atrapados en el barro y podemos continuar hasta cerca de las 8 de la tarde. Sobre esta hora comienza a anochecer y es el momento de buscar un lugar donde acampar. Además no hemos parado ni para comer y la imagen de un poco de pasta cocinada en nuestro infiernillo mientras nubes de mosquitos nos rodean, nos tiene tan buena pinta como el mejor de los restaurantes.
El día continúa entre caminos polvorientos, trampas de barro y un paisaje salvaje: un altiplano verde, rodeado de montañas nevadas y salpicado por los tradicionales gers blancos que desde hace más de 2000 años forman parte de estas tierras. Aunque eso sí, los actuales se han adaptado a las nuevas tecnologías: placas solares y una antena parabólica combinan a la perfección con los elementos tradicionales.
El final del día nos reservaba lo más divertido: estos últimos días ha estado lloviendo más de lo habitual y nos encontramos con un río que se ha desbordado ocupando lo que antes era la carretera. Al parecer, no queda más remedio que pasar por ahí y el vadeo se las trae. Tenemos que cruzar varios tramos de entre 100 y 200 metros de longitud en los que el agua llega a subir por encima del capó y los limpiaparabrisas no sirven de nada por lo que, en algunos momentos, es necesario conducir a ciegas. Con una mezcla de suerte y pericia logramos no quedarnos atrapados en el barro y podemos continuar hasta cerca de las 8 de la tarde. Sobre esta hora comienza a anochecer y es el momento de buscar un lugar donde acampar. Además no hemos parado ni para comer y la imagen de un poco de pasta cocinada en nuestro infiernillo mientras nubes de mosquitos nos rodean, nos tiene tan buena pinta como el mejor de los restaurantes.
sábado, 4 de agosto de 2012
4 de Agosto. Mongolia
Levantamos el campamento a las 6 de la mañana y retomamos la carretera hasta la frontera. El paisaje es cada vez más llamativo, estamos en la zona de las montañas de Altái , donde hay picos que superan los 4000 metros de altitud y eso se deja notar. Por la noche ha hecho bastante frío, el día está nublado y en los ratos que sale el sol la temperatura no sube más allá de los 14 grados.
La frontera de Mongolia es legendaria entre los participantes del Mongol Rally por el tiempo que puede llevar cruzarla. Al parecer no es extraño tener que estar uno o dos días completos esperando antes de poder entrar en el país: la cantidad de equipos que pueden llegar a la vez, el papeleo que es necesario realizar en aduanas en relación con la donación del vehículo y la calma con que los mongoles se toman las cosas, parece justificar la espera.
Llegamos sobre las 8 de la mañana al lado ruso. A pesar de no tener problemas, lo cierto es que esta frontera es un poco más liosa de pasar de lo normal. Primero tenemos que dirigirnos a una caseta de inmigración en la que revisan nuestros pasaportes y nos dan un papelito. Luego vamos al puesto de guardia y de nuevo enseñamos los pasaportes, nos abren la verja, aparcamos el coche y pasamos por aduanas y por control de pasaportes. A continuación volvemos al coche, revisan el vehículo, nos preguntan si llevamos armas o drogas y podemos continuar. A la salida de las instalaciones aduaneras, el asfalto desaparece y ya estamos circulando por una pista embarrada por la lluvia que está cayendo. Nos da la sensación de que ya estamos en Mongolia, pero lo cierto es que ambas fronteras están separadas varios kilómetros y todavía tendremos que parar en otros dos controles rusos para que revisen nuestros pasaportes.
Finalmente llegamos a un alto y vemos la frontera. Casi no nos lo podemos creer: solo hay tres coches haciendo cola, todos ellos del Mongol Rally. Llegamos justo a tiempo de pasar el control de pasaportes, entregar la documentación del vehículo y comenzar con el papeleo para la importación antes de que paren para comer. Charlamos con los otros equipos: hasta aquí todos hemos sido afortunados y ninguno hemos tenido problema graves ni mecánicos ni de ningún otro tipo. Esperemos que continúe nuestra buena suerte...
Ya son más de las 3 y poco el personal de aduanas va regresando de comer. Según la información que nos dio la organización la frontera cierra a las 4, pero esperamos que completen los trámites antes de marcharse y que no sean capaces de dejarnos toda la noche esperando. Nos llama la atención que el sistema que emplean para tasar el vehículo sea el de buscar precios de otros similares en páginas de compraventa de Internet como www.autoscout24.es/
A las 4 de la tarde nos entregan los documentos para la importación y nos dicen que podemos continuar. Un par de guardias revisan nuestro coche y se las ingenian para liarnos y quedarse con parte de nuestras últimas reservas de licor café, pero no nos importa demasiado: por fin estamos en Mongolia. Llueve, la altitud es de más de 2000 metros y hace frío.
A la salida de la frontera tenemos que contratar un seguro de viaje para el vehículo y hay varias personas ofreciéndose a cambiar dólares o euros por tugriks. Es curioso como se produce el regateo para fijar la tasa de cambio: a base de dibujar números sobre las ventanillas llenas de barro y polvo del coche.
Nos separan unos 120 km de Olgii y nuestra intención es pasarlo y acampar en el primer sitio que tenga buena pinta. Cambiamos las ruedas delanteras del coche por las de tierra y nieve que llevamos de repuesto. Nos van a hacer mucha falta. Durante esta tarde empezamos a ver de qué va la cosa: la carretera está mojada, llena de barro en algunas zonas y nos toca nuestro primer vadeo. Está claro que llegar hasta Ulan Bator el día 8 no va a ser sencillo pero también está claro que tampoco va a ser aburrido.
La frontera de Mongolia es legendaria entre los participantes del Mongol Rally por el tiempo que puede llevar cruzarla. Al parecer no es extraño tener que estar uno o dos días completos esperando antes de poder entrar en el país: la cantidad de equipos que pueden llegar a la vez, el papeleo que es necesario realizar en aduanas en relación con la donación del vehículo y la calma con que los mongoles se toman las cosas, parece justificar la espera.
Llegamos sobre las 8 de la mañana al lado ruso. A pesar de no tener problemas, lo cierto es que esta frontera es un poco más liosa de pasar de lo normal. Primero tenemos que dirigirnos a una caseta de inmigración en la que revisan nuestros pasaportes y nos dan un papelito. Luego vamos al puesto de guardia y de nuevo enseñamos los pasaportes, nos abren la verja, aparcamos el coche y pasamos por aduanas y por control de pasaportes. A continuación volvemos al coche, revisan el vehículo, nos preguntan si llevamos armas o drogas y podemos continuar. A la salida de las instalaciones aduaneras, el asfalto desaparece y ya estamos circulando por una pista embarrada por la lluvia que está cayendo. Nos da la sensación de que ya estamos en Mongolia, pero lo cierto es que ambas fronteras están separadas varios kilómetros y todavía tendremos que parar en otros dos controles rusos para que revisen nuestros pasaportes.
Finalmente llegamos a un alto y vemos la frontera. Casi no nos lo podemos creer: solo hay tres coches haciendo cola, todos ellos del Mongol Rally. Llegamos justo a tiempo de pasar el control de pasaportes, entregar la documentación del vehículo y comenzar con el papeleo para la importación antes de que paren para comer. Charlamos con los otros equipos: hasta aquí todos hemos sido afortunados y ninguno hemos tenido problema graves ni mecánicos ni de ningún otro tipo. Esperemos que continúe nuestra buena suerte...
Ya son más de las 3 y poco el personal de aduanas va regresando de comer. Según la información que nos dio la organización la frontera cierra a las 4, pero esperamos que completen los trámites antes de marcharse y que no sean capaces de dejarnos toda la noche esperando. Nos llama la atención que el sistema que emplean para tasar el vehículo sea el de buscar precios de otros similares en páginas de compraventa de Internet como www.autoscout24.es/
A las 4 de la tarde nos entregan los documentos para la importación y nos dicen que podemos continuar. Un par de guardias revisan nuestro coche y se las ingenian para liarnos y quedarse con parte de nuestras últimas reservas de licor café, pero no nos importa demasiado: por fin estamos en Mongolia. Llueve, la altitud es de más de 2000 metros y hace frío.
A la salida de la frontera tenemos que contratar un seguro de viaje para el vehículo y hay varias personas ofreciéndose a cambiar dólares o euros por tugriks. Es curioso como se produce el regateo para fijar la tasa de cambio: a base de dibujar números sobre las ventanillas llenas de barro y polvo del coche.
Nos separan unos 120 km de Olgii y nuestra intención es pasarlo y acampar en el primer sitio que tenga buena pinta. Cambiamos las ruedas delanteras del coche por las de tierra y nieve que llevamos de repuesto. Nos van a hacer mucha falta. Durante esta tarde empezamos a ver de qué va la cosa: la carretera está mojada, llena de barro en algunas zonas y nos toca nuestro primer vadeo. Está claro que llegar hasta Ulan Bator el día 8 no va a ser sencillo pero también está claro que tampoco va a ser aburrido.
viernes, 3 de agosto de 2012
Día 3. Malo Será ya habla Ruso
Son casi las 9 de la mañana, estamos llegando a la frontera y todavía estamos un poco dormidos. Nos encontramos con lo que nos parece el tipo control de carreteras ruso, hay que reducir la velocidad, hacer un stop y luego pasar despacio por delante del policía de turno. Justo cuando estamos a punto de acelerar para continuar camino, oímos unos gritos saliendo de la garita del puesto de control. En ese momento, al ver los edificios delante nuestra nos damos cuenta del error: no es un control de carreteras, es el puesto fronterizo. Bajo del coche con los pasaportes y la documentación y me dirijo al guardia que está hecho una fiera. Apenas habla inglés pero intento explicarle nuestra confusión y me deshago en disculpas. El sigue enfadado y me señala los galones de su chaqueta para darme a entender que si quiere me la puede liar. Cuando se tranquiliza un poco, revisa los pasaportes y me dice "present". Ya estamos: quiere un regalo, pero nosotros no estamos dispuestos a aflojar dinero. Me hago el loco al estilo habitual: no entiendo, España ,mongol rally, Ulan bator... mientras el insiste: "present" y galones en la chaqueta... Al final cedo y digo "souvenir", a lo que él asiente con la cabeza. Vuelvo al coche, cojo una bolsa de la "caja de souvenirs" del asiento trasero y se la entrego con una enorme sonrisa y la siguiente explicación:
-Souvenir, Barcelona.
Él mira la bolsa extrañado y pregunta: ¿F. C. Barcelona?
-No, No, Barcelona ciudad. Yo Barcelona, bolsa de Barcelona...
Antes de darle tiempo a pensárselo mucho, recojo los pasaportes, sonrío de nuevo y dejo al guardia dándole vueltas a una bonita bolsa de color naranja y con la inscripción: "Independientes por Rábade"
Por lo demás, pasamos la frontera sin problemas. No hay colas y el personal de ambos lados es muy amable con nosotros. Estamos en Rusia... de nuevo...
A las 12 llegamos a estación del tren de Barnaul y nos ponemos a hacer sitio en el coche para acoger al nuevo integrante del equipo. Es un trabajo complicado pero como Pablo habla ruso, creemos que merece la pena el esfuerzo. El tren llega puntual y es difícil explicar la alegría que nos llevamos al vernos. Parecía complicado que esto saliera bien, fue complicado que saliera bien e increíblemente salió bien...
Compramos unas brochetas de pollo en un puesto callejero, algo de bebida en el supermercado y reanudamos la marcha. Nuestra intención es tomar la M52 en dirección a la frontera mongola. Esta carretera es conocida como "Chuysky Trakt". Discurre siguiendo el curso de un río y según hemos leído en la guía de L. Planet y foros como BMW Riders, debería de ser uno de esos tramos que hacen que valga la pena el viaje.
A media tarde pasamos Gorno-Altaysk y nos encontramos con una zona llena de turistas rusos. El paisaje de montaña y un caudaloso río hacen que al pie de la carretera se agolpen un montón de empresas que ofrecen la posibilidad de practicar rafting o de recorrer rutas a caballo o en bicicleta. Pero en cuanto avanzamos algunos kilómetros más la cosa va cambiando: la carretera empieza a volverse más solitaria, el paisaje de montaña más salvaje y el aspecto de los pueblos que vamos pasando deja ver que la vida en esta zona debe de ser bastante dura.
Se acaba el día y decidimos que no merece la pena seguir hasta la frontera. Probablemente cuando lleguemos esté cerrada y además tendríamos que terminar este tramo de carretera de noche. Así que acampamos al lado de un río y hacemos una hoguera que aprovechamos para asar los últimos chorizos que nos quedan en la despensa.
-Souvenir, Barcelona.
Él mira la bolsa extrañado y pregunta: ¿F. C. Barcelona?
-No, No, Barcelona ciudad. Yo Barcelona, bolsa de Barcelona...
Antes de darle tiempo a pensárselo mucho, recojo los pasaportes, sonrío de nuevo y dejo al guardia dándole vueltas a una bonita bolsa de color naranja y con la inscripción: "Independientes por Rábade"
Por lo demás, pasamos la frontera sin problemas. No hay colas y el personal de ambos lados es muy amable con nosotros. Estamos en Rusia... de nuevo...
A las 12 llegamos a estación del tren de Barnaul y nos ponemos a hacer sitio en el coche para acoger al nuevo integrante del equipo. Es un trabajo complicado pero como Pablo habla ruso, creemos que merece la pena el esfuerzo. El tren llega puntual y es difícil explicar la alegría que nos llevamos al vernos. Parecía complicado que esto saliera bien, fue complicado que saliera bien e increíblemente salió bien...
Compramos unas brochetas de pollo en un puesto callejero, algo de bebida en el supermercado y reanudamos la marcha. Nuestra intención es tomar la M52 en dirección a la frontera mongola. Esta carretera es conocida como "Chuysky Trakt". Discurre siguiendo el curso de un río y según hemos leído en la guía de L. Planet y foros como BMW Riders, debería de ser uno de esos tramos que hacen que valga la pena el viaje.
A media tarde pasamos Gorno-Altaysk y nos encontramos con una zona llena de turistas rusos. El paisaje de montaña y un caudaloso río hacen que al pie de la carretera se agolpen un montón de empresas que ofrecen la posibilidad de practicar rafting o de recorrer rutas a caballo o en bicicleta. Pero en cuanto avanzamos algunos kilómetros más la cosa va cambiando: la carretera empieza a volverse más solitaria, el paisaje de montaña más salvaje y el aspecto de los pueblos que vamos pasando deja ver que la vida en esta zona debe de ser bastante dura.
Se acaba el día y decidimos que no merece la pena seguir hasta la frontera. Probablemente cuando lleguemos esté cerrada y además tendríamos que terminar este tramo de carretera de noche. Así que acampamos al lado de un río y hacemos una hoguera que aprovechamos para asar los últimos chorizos que nos quedan en la despensa.
jueves, 2 de agosto de 2012
Día 2. Más embajada.
A las 8 de la mañana estamos delante de la embajada. Como ya empezamos a ser parroquianos de esta zona, saludamos a varias personas que también estaban el lunes. Nos apuntamos en el lista y a esperar. Hoy tenemos el número 5, así que a las 10:15 ya estamos delante de la ventanilla número 2. Ponemos nuestra mejor sonrisa y junto con un "aquí estamos otra vez", le entregamos al funcionario el formulario y las fotocopias. Casi nos da un ataque al corazón cuando nos dice que falta una fotocopia del carné de conducir del propietario del vehículo.¿Para qué narices la necesitarán? Protestamos diciendo que el lunes no nos dijo que fuera necesaria, pero él nos responde que podemos hacer la fotocopia en la ventanilla número 1. Tras este pequeño susto, pagamos y entregamos la solicitud del visado: nos lo darán por la tarde a las 17:30.
Hacemos tiempo hasta la hora de recoger nuestros preciados pasaportes y repasamos el itinerario. Pablo esta refugiado en Novosibirsk y va a tomar un tren que lo dejará a las 12:30 del día 3 en la estación de Barnaul. Allí tendremos que estar nosotros para recogerlos y como no vamos a salir de Astaná hasta eso de las 18:00 y nos separan unos 1200 km y una frontera del objetivo, pinta que esta noche no vamos a dormir mucho.
Dando un paseo al lado del río, coincidimos con tres equipos ingleses que están también están esperando por problemas de visados. Al parecer una chica que va con ellos se ha olvidado de solicitar el visado para Mongolia y ha tenido que tomar un avión hasta Almaty para obtener uno en la embajada de Mongolia. Así que llevan 3 días esperando por ella. La verdad es que olvidarse del visado para Mongolia...
A las 17:00 estamos delante de la embajada. Media hora después tenemos el pasaporte con un visado de tránsito de 5 días de duración. Arrancamos el corsita y salimos en dirección a Barnaul. Ya conocemos la carretera, así que sabemos que, en general, está en buenas condiciones según nuestra escala particular. Es decir: hay asfalto, algunos tramos están pintados y no hay socavones capaces de tragarse el coche durante la noche.
Tras conducir casi sin parar hasta las 4 de la mañana solo nos quedan unos 100 km hasta la frontera de Semey. Dormimos un par de horas y retomamos el camino hasta la frontera. ¿Lograremos pasar sin problemas?
Hacemos tiempo hasta la hora de recoger nuestros preciados pasaportes y repasamos el itinerario. Pablo esta refugiado en Novosibirsk y va a tomar un tren que lo dejará a las 12:30 del día 3 en la estación de Barnaul. Allí tendremos que estar nosotros para recogerlos y como no vamos a salir de Astaná hasta eso de las 18:00 y nos separan unos 1200 km y una frontera del objetivo, pinta que esta noche no vamos a dormir mucho.
Dando un paseo al lado del río, coincidimos con tres equipos ingleses que están también están esperando por problemas de visados. Al parecer una chica que va con ellos se ha olvidado de solicitar el visado para Mongolia y ha tenido que tomar un avión hasta Almaty para obtener uno en la embajada de Mongolia. Así que llevan 3 días esperando por ella. La verdad es que olvidarse del visado para Mongolia...
A las 17:00 estamos delante de la embajada. Media hora después tenemos el pasaporte con un visado de tránsito de 5 días de duración. Arrancamos el corsita y salimos en dirección a Barnaul. Ya conocemos la carretera, así que sabemos que, en general, está en buenas condiciones según nuestra escala particular. Es decir: hay asfalto, algunos tramos están pintados y no hay socavones capaces de tragarse el coche durante la noche.
Tras conducir casi sin parar hasta las 4 de la mañana solo nos quedan unos 100 km hasta la frontera de Semey. Dormimos un par de horas y retomamos el camino hasta la frontera. ¿Lograremos pasar sin problemas?
miércoles, 1 de agosto de 2012
Día 1. Turismo y mecánica.
A primera hora de la mañana localizamos un taller en el que podemos cambiar el aceite y el filtro. Llevamos los repuestos en el coche y podríamos hacerlo nosotros mismos pero nos da un poco de pereza y como tampoco tenemos nada mejor que hacer... Nos reímos un rato con los tres chicos que trabajan en el taller. Son bastante simpáticos y tenemos con ellos la habitual charla sobre España, fútbol y una pequeña lección de geografía con nuestro recorrido de fondo. Uno de ellos se empeña en señalarnos el motor del coche y decirnos una palabra que suena a algo así como "avión". Ni idea de lo que nos dice, pero como se está riendo no parece que tenga nada que ver con algún problema mecánico. Si alguien sabe hablar kazajo y tiene alguna idea de lo que este hombre nos quería explicar, le agradeceríamos que deje un comentario para que no nos corroa más la curiosidad... Nos cobran algo menos de 5 euros por el trabajo y como por el hotel pagamos 20 euros por noche y habitación doble, nos sigue quedando presupuesto para hacer algo de turismo por la tarde.
Astaná es un ciudad que resulta curiosa. Desde 1998 es la nueva capital de Kazajistan. El gobierno ha puesto su empeño en que sea el símbolo de la modernidad del país y paseando por ella no deja de llamar la atención el contraste entre los modernos edificios, diseñados por arquitectos como Norman Foster, y las calles sin asfaltar y llenas de barro a unos cientos de metros de ellos. Las avenidas están llenas de vehículos de alta gama y aunque a nosotros algunas de las edificaciones y monumentos nos parece que podían encajar perfectamente en alguno de esos cuadros tipo cataratas multicolor que venden en los chinos, al parecer para los kazajos su flamante capital es motivo de orgullo nacional.
De vuelta en el hotel contactamos con Carlos, él y su C15 siguen en Almaty. Está desesperado esperando por el billete de avión que necesita para regresar desde Rusia y que hace varios días que debería haber recibido.
En el hotel también coincidimos una pareja de americanos que están de vacaciones con su hijo adoptivo. El chico (un rollizo adolescente de unos 16 años), es de Kazajistán y lo han traído para que conozca su país de origen. Mientras hablamos él sigue jugando con su tablet y de vez en cuando nos mira con cara de estoy harto de este viaje, por favor, que alguien me devuelva al reino de la hamburguesa...
Revisamos toda la documentación y nos preparamos para mañana: sabemos lo que hacemos, estamos motivados y nadie va a impedir que salgamos de la embajada con el visado sea como sea.
martes, 31 de julio de 2012
Día 31. Embajada Rusa
Siguiendo las recomendaciones del día anterior, nos plantamos delante de la embajada a las 8 de la mañana. Cuando llegamos nos encontramos unas 15 personas esperando en las proximidades de la gran verja metálica de color gris que cierra el paso al interior del recinto. Nos llama la atención que no estén haciendo cola, simplemente se limitan a pasear o permanecen sentados en las marquesinas del autobús. Intento preguntar si están esperando para solicitar un visado, pero allí nadie habla ni una palabra de inglés y lo único que logro es que algunos asientan con la cabeza a la palabra "visa" pero me da la sensación de que obtendría la misma respuesta a la palabra "ensaladilla". Al cabo de un rato, observamos que llegan un par de personas que se apuntan en una hoja de papel colgada en un tablón a a la derecha de la verja. La hoja tiene varias columnas con encabezamientos en cirílico y nos imaginamos que seguramente alguna de ellas sea de solicitud de visados.Por eso la gente no guarda cola: tenemos que apuntarnos en la columna correcta. Otra opción es apuntarse en todas, aún a riesgo de estar solicitando un trabajo limpiando letrinas en la estepa. Optamos por dar una nueva batida en búsqueda de alguien que hable inglés: han llegado varias personas más y tenemos suerte con una chica de unos 16 años que nos indica la columna correcta. Estamos de 14 en la lista de espera.
A eso de las 9:15 la cantidad de gente esperando se ha incrementado de forma considerable, ya debemos de ser unos 40 ó 50. La gente comienza a agruparse alrededor de la estrecha puerta de entrada situada en el medio de la verja y parece que, a pesar de la listas de espera, todo el mundo quiere el primer puesto en la salida de parrilla. La tensión aumenta cuando a una chica la empujan contra la puerta metálica y ella responde con un puñetazo en el pecho a una de las personas que le rodean. El guardia de seguridad de la entrada permanece en su garita como si la cosa no fuese con él, pero afortunadamente algunas de las personas que están alrededor de la tangana intervienen poniendo un poco de orden y calmando los ánimos.
A las 9:30 descubrimos el curioso sistema de los rusos. La verja no se va a abrir permitiendo el paso al interior de la embajada, sino que una voz habla por un intercomunicador al lado de la puerta indicando cuantas personas pueden pasar: 3 de visados y 2 de pasaportes. La puerta se abre durante un breve instante y los 5 afortunados entrar a la embajada. Continúa el goteo de gente, se aproxima nuestro turno y nos preguntamos qué nos espera en el interior. A las 11:30 nos toca a nosotros: cruzamos la verja y el patio hasta la puerta principal. Enseñamos los pasaportes al guardia de la entrada que nos señala la ventanilla número 2. Nos acercamos al funcionario y casi no nos lo podemos creer cuando nos habla en un correcto inglés. Le explico que queremos solicitar un visado de tránsito y él nos pide el formulario.
- ¿Qué formulario?.Nosotros venimos de parte de la embajada española. ¿No le han informado de nuestro caso?
Él nos mira con cara medio de risa y medio de sorpresa. Pues no... nadie le ha contado nada de nuestro caso. Yo insisto y de paso exagero un poco:
-Ayer la embajada española se puso en contacto con el embajador ruso a causa de un error en nuestro visado. Nos mandaron venir hoy y nos dijeron que bastaba con traer una fotocopia del pasaporte.
Al funcionario se le borra la cara medio de sorpresa y ya sólo le queda la de risa. Educadamente me dice que no sabe nada al respecto mientras con la mirada me explica: chaval, sin formulario no hay visado.
Nos da la sensación de que no vamos a sacar nada en limpio y en este caso, es mejor no enfadarse ni perder los papeles, al fin y al cabo, vamos a tener que volver al día siguiente y es mejor no encontrarnos a este chico en el modo "quisquilloso". Nos aseguramos de lo que necesitamos exactamente para tramitar el visado: cubrir el formulario en Internet, llevar una copia impresa con una foto pegada, fotocopias de los pasaportes y de la documentación del coche. Además si pagamos unos 75 dolares por cabeza podemos obtener el visado el mismo día.
-¿Así que si mañana traigo estos papeles y pago las tasas me dais el visado en el día?
-Mañana la embajada está cerrada. Hasta el miércoles nada...
Enorme mazazo. Ya son casi las 12, es imposible intentarlo hoy y hasta el miércoles no podremos continuar camino. Volvemos a la embajada española. Rafael nos explica que los rusos son muy suyos para estas cosas y que a pesar de lo dicho ayer por teléfono no parece que podamos hacer mucho más. Intentan ponerse en contacto con la embajada rusa pero ya pasa de las 12:30 y ni siquiera cogen el teléfono. Nos ayudan al cubrir el formulario de solicitud porque, aunque está en inglés, para llegar a él es necesario navegar por varias páginas que están en ruso cerrado y si no fuera por la ayuda de la traductora lo íbamos a tener complicado.
Con el dichoso formulario impreso y todas las fotocopias necesarias y alguna más por si acaso, nos vamos a comer y regresamos al hotel a reponernos del disgusto. Aprovechamos la tarde para buscar un taller donde cambiarle el aceite y el filtro al coche, pero cierran sobre las 6 y cuando llegamos ya es demasiado tarde. Así que dejamos para mañana el turismo y la mecánica.
A eso de las 9:15 la cantidad de gente esperando se ha incrementado de forma considerable, ya debemos de ser unos 40 ó 50. La gente comienza a agruparse alrededor de la estrecha puerta de entrada situada en el medio de la verja y parece que, a pesar de la listas de espera, todo el mundo quiere el primer puesto en la salida de parrilla. La tensión aumenta cuando a una chica la empujan contra la puerta metálica y ella responde con un puñetazo en el pecho a una de las personas que le rodean. El guardia de seguridad de la entrada permanece en su garita como si la cosa no fuese con él, pero afortunadamente algunas de las personas que están alrededor de la tangana intervienen poniendo un poco de orden y calmando los ánimos.
A las 9:30 descubrimos el curioso sistema de los rusos. La verja no se va a abrir permitiendo el paso al interior de la embajada, sino que una voz habla por un intercomunicador al lado de la puerta indicando cuantas personas pueden pasar: 3 de visados y 2 de pasaportes. La puerta se abre durante un breve instante y los 5 afortunados entrar a la embajada. Continúa el goteo de gente, se aproxima nuestro turno y nos preguntamos qué nos espera en el interior. A las 11:30 nos toca a nosotros: cruzamos la verja y el patio hasta la puerta principal. Enseñamos los pasaportes al guardia de la entrada que nos señala la ventanilla número 2. Nos acercamos al funcionario y casi no nos lo podemos creer cuando nos habla en un correcto inglés. Le explico que queremos solicitar un visado de tránsito y él nos pide el formulario.
- ¿Qué formulario?.Nosotros venimos de parte de la embajada española. ¿No le han informado de nuestro caso?
Él nos mira con cara medio de risa y medio de sorpresa. Pues no... nadie le ha contado nada de nuestro caso. Yo insisto y de paso exagero un poco:
-Ayer la embajada española se puso en contacto con el embajador ruso a causa de un error en nuestro visado. Nos mandaron venir hoy y nos dijeron que bastaba con traer una fotocopia del pasaporte.
Al funcionario se le borra la cara medio de sorpresa y ya sólo le queda la de risa. Educadamente me dice que no sabe nada al respecto mientras con la mirada me explica: chaval, sin formulario no hay visado.
Nos da la sensación de que no vamos a sacar nada en limpio y en este caso, es mejor no enfadarse ni perder los papeles, al fin y al cabo, vamos a tener que volver al día siguiente y es mejor no encontrarnos a este chico en el modo "quisquilloso". Nos aseguramos de lo que necesitamos exactamente para tramitar el visado: cubrir el formulario en Internet, llevar una copia impresa con una foto pegada, fotocopias de los pasaportes y de la documentación del coche. Además si pagamos unos 75 dolares por cabeza podemos obtener el visado el mismo día.
-¿Así que si mañana traigo estos papeles y pago las tasas me dais el visado en el día?
-Mañana la embajada está cerrada. Hasta el miércoles nada...
Enorme mazazo. Ya son casi las 12, es imposible intentarlo hoy y hasta el miércoles no podremos continuar camino. Volvemos a la embajada española. Rafael nos explica que los rusos son muy suyos para estas cosas y que a pesar de lo dicho ayer por teléfono no parece que podamos hacer mucho más. Intentan ponerse en contacto con la embajada rusa pero ya pasa de las 12:30 y ni siquiera cogen el teléfono. Nos ayudan al cubrir el formulario de solicitud porque, aunque está en inglés, para llegar a él es necesario navegar por varias páginas que están en ruso cerrado y si no fuera por la ayuda de la traductora lo íbamos a tener complicado.
Con el dichoso formulario impreso y todas las fotocopias necesarias y alguna más por si acaso, nos vamos a comer y regresamos al hotel a reponernos del disgusto. Aprovechamos la tarde para buscar un taller donde cambiarle el aceite y el filtro al coche, pero cierran sobre las 6 y cuando llegamos ya es demasiado tarde. Así que dejamos para mañana el turismo y la mecánica.
lunes, 30 de julio de 2012
Día 30. Atrapados en Astaná
Dudamos entre ir a la embajada rusa directamente o pasarnos primero por la embajada española, por si acaso pueden echarnos una mano con la obtención del visado ruso. Al final decidimos ir primero a nuestra embajada, así que allí estamos a primera hora explicándoles lo que nos ha sucedido. Hablamos con Rafael, a quien queremos agradecer tanto la ayuda que nos prestó como su amabilidad. Tras contarle lo sucedido, nos explica que no suelen tener casos como el nuestro. El problema más habitual con ciudadanos extranjeros es el de los que se les pasa la fecha de salida del visado y se dan de bruces con las reglas de los Kazajos para estos casos: diez días detenidos y una multa de las gordas...
En cualquier caso, nos van a ayudar hablando directamente con la embajada rusa para ver qué se puede hacer. Tras menos de una hora de espera, Rafael nos dice que ya les han explicado nuestra situación a los rusos: participantes en el Mongol Rally, el error cometido por la empresa de visados (o por la embajada rusa en Madrid) y el hecho de que un compañero nos está esperando del otro lado de la frontera. Al parecer, tenemos que esperar un rato más porque van a consultarlo con el cónsul. Cuando ya hemos desgastado el suelo del consulado de tanto mover los píes en el mismo sitio, llega la esperada respuesta: los rusos nos van a dar un visado de tránsito. Nos manda ir al día siguiente a la embajada y al parecer, solo tenemos que llevar una fotocopia de nuestro pasaporte. El horario de la embajada para la tramitación de visados es de 9:30 a 12:30, pero nos recomiendan ir sobre las 8 de la mañana debido a que suele haber mucha gente haciendo cola desde primera hora.
No queda otra que esperar, pero estamos tan cansados y tenemos tan pocas ganas de hacer turismo, que nos limitamos a buscar un sitio donde hacer fotocopias de los pasaportes, una tienda de fotografía donde hacernos unas fotos (por si acaso), comer algo e irnos al hotel a descansar toda la tarde. Mañana tendremos que ir a la embajada rusa y la verdad es que estamos algo preocupados: ¿nos darán el visado el mismo día? ¿habrá alguien que hable inglés?
domingo, 29 de julio de 2012
29 de Julio. Frontera rusa.
Hoy esperamos un día tranquilo: cruzar la frontera por Shemonaikha y recoger a Pablo en la estación del tren de Pospelikha. Salimos de Oskemen y a eso de las 12 cruzamos la parte Kazaja de la frontera sin incidentes. La escasa cola y la habitual cordialidad del personal de aduanas hacen que nos parezca que vamos a despedirnos de este país con buen sabor de boca a pesar de las multas que nos llevamos de recuerdo.
La sorpresa nos la vamos a encontrar en el control de pasaportes ruso. Como es habitual, aparcamos el coche y nos dirigimos a la ventanilla correspondiente. El guardia revisa nuestros visados y vemos que no para de darle vueltas al pasaporte buscando algo. Le señalamos el visado y él nos da a entender que no es válido, al parecer es de una sola entrada y por tanto ya está agotado. El policía no habla inglés, pero nosotros insistimos en que tiene que haber algún error: el visado tiene que ser de dos entradas. En ese momento, entre todos los caracteres escritos en un cirílico profundo del que no entendemos ni una palabra, vemos un fatídico 1. Sólo hay un 1 , ni rastro de un 2. Lógicamente, nos desesperamos al mismo tiempo que el policía comienza a enfadarse cada vez más. Al parecer, los de control de pasaportes de Kazajistán no deberían habernos dejado pasar al no tener el visado ruso en regla. Al menos, tenemos la suerte de que en la cola hay un chico ruso que habla inglés y nos hace de traductor. No hay ninguna posibilidad de obtener un visado de tránsito y tenemos que volver a Kazajistán, lograr que anulen el sello de salida de nuestro visado y dirigirnos a la embajada rusa en Astana para solicitar un nuevo visado.
Tras sacudirnos de encima el disgusto y las ganas de volver directamente a España a prenderle fuego a las oficinas de Turismo de Rusia por la faena que nos han hecho al equivocarse en la tramitación del visado, nos subimos al coche y avisamos a Pablo de lo sucedido. Entre una cosa y otra, cuando logramos ponernos en marcha ya son las 2 de la tarde y tenenos que recorrer los aproximadamente 1000 km que nos separan de Astana con la intención de llegar de madrugada e intentar tramitar el visado el lunes. Tal vez alguno estáis pensando que parte de la culpa es nuestra por no revisar el visado, pero entre que está solamente en cirílico y que además no vimos nuestros pasaportes hasta el día anterior a la salida de Klenova, lo cierto es que no tuvimos muchas posibilidades de darnos cuenta del error.
Durante el camino a Astana nos cruzamos con un equipo inglés que, al vernos pasar a toda pastilla y en dirección contraria a Mongolia, paran en el arcén para hablar con nosotros. Tras una corta explicación, continuamos viaje hasta llegar al hotel sobre las 2 de la mañana. Al día siguiente comienza una nueva aventura: la de la embajada rusa...
La sorpresa nos la vamos a encontrar en el control de pasaportes ruso. Como es habitual, aparcamos el coche y nos dirigimos a la ventanilla correspondiente. El guardia revisa nuestros visados y vemos que no para de darle vueltas al pasaporte buscando algo. Le señalamos el visado y él nos da a entender que no es válido, al parecer es de una sola entrada y por tanto ya está agotado. El policía no habla inglés, pero nosotros insistimos en que tiene que haber algún error: el visado tiene que ser de dos entradas. En ese momento, entre todos los caracteres escritos en un cirílico profundo del que no entendemos ni una palabra, vemos un fatídico 1. Sólo hay un 1 , ni rastro de un 2. Lógicamente, nos desesperamos al mismo tiempo que el policía comienza a enfadarse cada vez más. Al parecer, los de control de pasaportes de Kazajistán no deberían habernos dejado pasar al no tener el visado ruso en regla. Al menos, tenemos la suerte de que en la cola hay un chico ruso que habla inglés y nos hace de traductor. No hay ninguna posibilidad de obtener un visado de tránsito y tenemos que volver a Kazajistán, lograr que anulen el sello de salida de nuestro visado y dirigirnos a la embajada rusa en Astana para solicitar un nuevo visado.
Tras sacudirnos de encima el disgusto y las ganas de volver directamente a España a prenderle fuego a las oficinas de Turismo de Rusia por la faena que nos han hecho al equivocarse en la tramitación del visado, nos subimos al coche y avisamos a Pablo de lo sucedido. Entre una cosa y otra, cuando logramos ponernos en marcha ya son las 2 de la tarde y tenenos que recorrer los aproximadamente 1000 km que nos separan de Astana con la intención de llegar de madrugada e intentar tramitar el visado el lunes. Tal vez alguno estáis pensando que parte de la culpa es nuestra por no revisar el visado, pero entre que está solamente en cirílico y que además no vimos nuestros pasaportes hasta el día anterior a la salida de Klenova, lo cierto es que no tuvimos muchas posibilidades de darnos cuenta del error.
Durante el camino a Astana nos cruzamos con un equipo inglés que, al vernos pasar a toda pastilla y en dirección contraria a Mongolia, paran en el arcén para hablar con nosotros. Tras una corta explicación, continuamos viaje hasta llegar al hotel sobre las 2 de la mañana. Al día siguiente comienza una nueva aventura: la de la embajada rusa...
sábado, 28 de julio de 2012
27 y 28 de Julio
Hoy nos dirigimos a Oskemen, es una etapa de unos 800 km pero, por lo que sabemos, las carreteras están en buen estado. Hacemos el viaje sin problemas ni incidentes.
Mañana tenemos una jornada de descanso que aprovecharemos para revisar el coche.
El domingo 29, cruzaremos la frontera rusa para recoge a Pablo y continuar viaje hasta Mongolia. Es muy poco probable que logremos disponer de conexión a Internet en los próximos días, por lo que se aproxima un apagón digital....
Mañana tenemos una jornada de descanso que aprovecharemos para revisar el coche.
El domingo 29, cruzaremos la frontera rusa para recoge a Pablo y continuar viaje hasta Mongolia. Es muy poco probable que logremos disponer de conexión a Internet en los próximos días, por lo que se aproxima un apagón digital....
jueves, 26 de julio de 2012
26 de Julio
Por la mañana retomamos el camino hacia Taldyqordan. La escasez de gasolineras en esta zona nos pilla desprevenidos, el coche está en la reserva y la cosa no pinta bien. Vemos unas instalaciones militares y nos acercamos a preguntar a los soldados que están de guardia. Después del habitual apretón de manos y la charla sobre España, Mongolia, Madrid y Barcelona, uno de ellos se ofrece a llevarnos a por un poco de gasolina a un lugar de la aldea. La próxima gasolinera está a más de 30 Km y la cosa parece un poco justa.
Voy con él en su coche y para hablar idiomas distintos, la verdad es que mantenemos una buena conversación.
Llegamos a una casa, que en España más bien clasificaríamos como chabola, en la que al parecer venden gasolina. Entro en la casa, en la habitación de la izquierda juegan dos niñas y en lo que podría ser el salón se apilan garrafas y botellas de gasolina de distintas tonalidades. Me da la sensación de que en el patio trasero debe haber toda una refinería ilegal.... Les indico que me pongan 10 litros en la garrafa y acordamos el precio. La madre busca un embudo y una de las niñas se acerca para sujetarlo, me agacho para hacerlo yo, pero antes de que logre hacerlo ya está vertiendo la gasolina que salpica en la cara a la pequeña que apenas debe de tener 4 años. Se limpia la cara sin inmutarse en un gesto que demuestra que está acostumbrada a realizar ese trabajo. Esto me dará que pensar durante bastante tiempo.
Al regresar agradecemos la ayuda de nuestro amigo con una botella de licor café y una clase se inglés tipo "Barrio Sésamo" sobre " caliente/frio", frio para indicarle como tomarlo.
Llegamos al hotel a una hora razonable y encontramos una auténtica cervecería alemana en la que cenar y aprovecharnos de su wifi para revisar el correo y escribir algo en este blog.
Voy con él en su coche y para hablar idiomas distintos, la verdad es que mantenemos una buena conversación.
Llegamos a una casa, que en España más bien clasificaríamos como chabola, en la que al parecer venden gasolina. Entro en la casa, en la habitación de la izquierda juegan dos niñas y en lo que podría ser el salón se apilan garrafas y botellas de gasolina de distintas tonalidades. Me da la sensación de que en el patio trasero debe haber toda una refinería ilegal.... Les indico que me pongan 10 litros en la garrafa y acordamos el precio. La madre busca un embudo y una de las niñas se acerca para sujetarlo, me agacho para hacerlo yo, pero antes de que logre hacerlo ya está vertiendo la gasolina que salpica en la cara a la pequeña que apenas debe de tener 4 años. Se limpia la cara sin inmutarse en un gesto que demuestra que está acostumbrada a realizar ese trabajo. Esto me dará que pensar durante bastante tiempo.
Al regresar agradecemos la ayuda de nuestro amigo con una botella de licor café y una clase se inglés tipo "Barrio Sésamo" sobre " caliente/frio", frio para indicarle como tomarlo.
Llegamos al hotel a una hora razonable y encontramos una auténtica cervecería alemana en la que cenar y aprovecharnos de su wifi para revisar el correo y escribir algo en este blog.
miércoles, 25 de julio de 2012
25 de Julio
Mientras nos dedicábamos a buscar y cruzar la frontera se ha hecho de noche. Conducimos hasta Shymkent donde dormimos en el hotel Ordabasy. Por la mañana continuamos nuestro viaje con dirección a Almaty. Nos toca otra nueva jornada de yincana, en este caso dedicada a los radares. Al contrario que en UZ las carreteras son buenas autopistas en perfecto estado pero con tramos con inexplicables límites de 50 o 60 km/h. La policía se aposta con todo un arsenal de radares a la caza del conductor montados en trípodes en la mediana, camuflados en coches aparcados bajo un puente, de mano en los cambios de rasante.
La primera vez nos pillan desprevenidos: 104 en un tramo de 50. No nos queda otra más que negociar y pagar la multa (nos queda el consuelo de que en España nos hubiera salido muchísimo más caro). Nos libramos varias veces pero vuelven a pillarnos despistados colocando 2 controles separados por escasos quilómetros. Esta vez solo íbamos a 64 y nos sale más económico. ¿Tendrán un bonomulta o algún tipo de tarifa plana?
Llegamos a Almaty bastante tarde y perdimos mucho tiempo buscando un hotel en las afueras que no logramos localizar. Nos dirigimos al centro de la ciudad y de nuevo nos resulta imposible dar con el hotel que buscábamos. Encontramos otro de los que figuran en la guía, pero es demasiado caro (120 euros) , así que nos dirigimos a la salida de Almaty, llevamos más de 2 horas dando vueltas y el asiento del coche empieza a tener cara de hotel.
La primera vez nos pillan desprevenidos: 104 en un tramo de 50. No nos queda otra más que negociar y pagar la multa (nos queda el consuelo de que en España nos hubiera salido muchísimo más caro). Nos libramos varias veces pero vuelven a pillarnos despistados colocando 2 controles separados por escasos quilómetros. Esta vez solo íbamos a 64 y nos sale más económico. ¿Tendrán un bonomulta o algún tipo de tarifa plana?
Llegamos a Almaty bastante tarde y perdimos mucho tiempo buscando un hotel en las afueras que no logramos localizar. Nos dirigimos al centro de la ciudad y de nuevo nos resulta imposible dar con el hotel que buscábamos. Encontramos otro de los que figuran en la guía, pero es demasiado caro (120 euros) , así que nos dirigimos a la salida de Almaty, llevamos más de 2 horas dando vueltas y el asiento del coche empieza a tener cara de hotel.
martes, 24 de julio de 2012
24 de Julio
Nos dirigimos hacia Samarkanda, la carretera está en buen estado y llegamos sin incidentes. El Registan es impresionante, a pesar de que visitarlo a mediodía y con un sol de justicia no ayuda mucho a valorarlo en su justa medida. Aprovechamos para ver la mezquita de Bibi-Khanym. Según la leyenda, fue construida por la esposa de Tamerlán Bibi Khanum mientras este estaba de campaña fuera de la ciudad con la intención de darle una gran sorpresa a su regreso.
Durante nuestra visita nos encontramos con un pequeño grupo de turista españoles:
- ¿Y vosotros con qué agencia habéis venido?
- Con ninguna. Venimos en coche desde nuestra casa...
Cuando, momentos más tarde, se despiden de nosotros todavía tengo la sensación de que no nos han creído...
Continuamos nuestro camino en dirección a Tashkent, con intención de cruzar la frontera a una hora prudencial, pero al llegar allí unos policías a los que preguntamos cómo llegar a la frontera, nos dicen que está cerrada y que debemos cruzar por Chinoz. Eso nos obliga a retroceder 70 km, además, no existen señalización que indique en donde desviarse para ir al puesto fronterizo. Nos equivocamos de salida y nos dedicamos a preguntar a los que nos encontramos por el camino, pero cada uno parece indicarnos una cosa diferente y terminamos dando vueltas por carreteras secundarias, casi sin tráfico, anocheciendo y con la gasolina bajo mínimos. Al final logramos dar otra vez con la autovía, tomamos otra salida que resulta ser la correcta y tras preguntar en una tienda, nos dirigen en la dirección adecuada.
Al llegar a la frontera nos encontramos con un grupo de policías que nos piden los pasaportes y nos dan a entender que quieren una propinilla por dejarnos pasar. No estamos dispuestos a darles dinero pero como vamos sobrados de reservas de licor café (salimos de Lugo con 18 botellas), decidimos dejarles un par de ellas. El sistema funciona y el "Spanish Vodka" nos abre las puertas de salida. Si me quedaran entradas en el visado creo que volvería a entrar solo para ver el estado de los guardias al cabo de media hora.
Salimos de UZ. sin más incidentes, pero en el lado de KZ todos los guardias están en plan recaudatorio. Aparcamos el coche y nos dirigimos al control de pasaportes. El que está de guardia en la puerta nos pregunta si tenemos espray anti-mosquitos y que si le podemos dar. Me suena más a petición que a exigencia y como llevamos de sobra, decidimos darle un bote. Voy a buscarlo al coche y cuando se lo entrego me da un tremendo abrazo que ni que me fuera a casar con la más fea de sus hijas. Parece agradecerlo de veras así que no nos arrepentimos de dárselo. En control de aduanas están dispuestos a sacar también tajada y aquí no nos queda más remedio que aflojarle unos dólares a un inspector y una botella de licor café al que revisa el coche para evitar que nos tengan allí toda la noche. Hasta el guardia que abre la verja para salir intenta sacar algo pero con éste nos hacemos los locos a lo bestia, totalmente decididos a no darle nada. Nos salimos con la nuestra, las puertas se abren: estamos de nuevo en KZ.
Durante nuestra visita nos encontramos con un pequeño grupo de turista españoles:
- ¿Y vosotros con qué agencia habéis venido?
- Con ninguna. Venimos en coche desde nuestra casa...
Cuando, momentos más tarde, se despiden de nosotros todavía tengo la sensación de que no nos han creído...
Continuamos nuestro camino en dirección a Tashkent, con intención de cruzar la frontera a una hora prudencial, pero al llegar allí unos policías a los que preguntamos cómo llegar a la frontera, nos dicen que está cerrada y que debemos cruzar por Chinoz. Eso nos obliga a retroceder 70 km, además, no existen señalización que indique en donde desviarse para ir al puesto fronterizo. Nos equivocamos de salida y nos dedicamos a preguntar a los que nos encontramos por el camino, pero cada uno parece indicarnos una cosa diferente y terminamos dando vueltas por carreteras secundarias, casi sin tráfico, anocheciendo y con la gasolina bajo mínimos. Al final logramos dar otra vez con la autovía, tomamos otra salida que resulta ser la correcta y tras preguntar en una tienda, nos dirigen en la dirección adecuada.
Al llegar a la frontera nos encontramos con un grupo de policías que nos piden los pasaportes y nos dan a entender que quieren una propinilla por dejarnos pasar. No estamos dispuestos a darles dinero pero como vamos sobrados de reservas de licor café (salimos de Lugo con 18 botellas), decidimos dejarles un par de ellas. El sistema funciona y el "Spanish Vodka" nos abre las puertas de salida. Si me quedaran entradas en el visado creo que volvería a entrar solo para ver el estado de los guardias al cabo de media hora.
Salimos de UZ. sin más incidentes, pero en el lado de KZ todos los guardias están en plan recaudatorio. Aparcamos el coche y nos dirigimos al control de pasaportes. El que está de guardia en la puerta nos pregunta si tenemos espray anti-mosquitos y que si le podemos dar. Me suena más a petición que a exigencia y como llevamos de sobra, decidimos darle un bote. Voy a buscarlo al coche y cuando se lo entrego me da un tremendo abrazo que ni que me fuera a casar con la más fea de sus hijas. Parece agradecerlo de veras así que no nos arrepentimos de dárselo. En control de aduanas están dispuestos a sacar también tajada y aquí no nos queda más remedio que aflojarle unos dólares a un inspector y una botella de licor café al que revisa el coche para evitar que nos tengan allí toda la noche. Hasta el guardia que abre la verja para salir intenta sacar algo pero con éste nos hacemos los locos a lo bestia, totalmente decididos a no darle nada. Nos salimos con la nuestra, las puertas se abren: estamos de nuevo en KZ.
lunes, 23 de julio de 2012
23 de Julio
Nuestra intención es salir temprano para llegar a Bukhara a una hora prudencial. Nos han comentado que la carretera está en obras y que para recorrer los 380 km que separan ambas ciudades son necesarias unas 9 horas. Descubrimos que decir que la carretera está en obras es un eufemismo que significa que ha sido bombardeada por una escuadrilla de cazas de combate. Lo más lógico a la hora de construir una autopista parece hacerlo por tramos, pero aquí están construyendo casi 150 km a la vez. Eso quiere decir que tenemos que circular por una carretera destruida por el tráfico de camiones y maquinaria pesada de las obras, mientras a escasos metros vemos una vía de dos carriles sin asfaltar en perfecto estado. El cubre cárter del coche nos salva de daños mayores en más de una ocasión y el traqueteo es continuo mientras el termómetro marca 42 grados y nosotros sin aire acondicionado. El paisaje en algunos momentos es totalmente desértico y las dunas de arena invaden la carretera. Con tanto calor, nos acordamos de un anuncio que vimos en Polonia en el que una gallina en chándal mira a un pollo frito: seguimos sin tener ni idea de qué mensaje quiere transmitir el publicista pero el calor nos debe estar reblandeciendo los sesos.
Ya cerca de Bukhara, nos encontramos con Carlos y su C15 parados en el arcén. Al cruzarse con un camión se le abrió el capó, golpeándose contra el parabrisas y rompiéndole el cristal. Lleva ya casi 80 km circulando así y además el motor se le calienta por lo que de vez en cuando tiene que parar a esperar que baje la temperatura.
Finalmente llegamos a Bukhara a eso de las 5, tras 8 horas de camino. Ducha en el hotel y un paseo por la ciudad. Se nota que aquí hay más vida turística: a las 10 de la noche todavía hay bazares abiertos y los vendedores son políglotas consumados a la hora de ofrecer sus productos.
Ya cerca de Bukhara, nos encontramos con Carlos y su C15 parados en el arcén. Al cruzarse con un camión se le abrió el capó, golpeándose contra el parabrisas y rompiéndole el cristal. Lleva ya casi 80 km circulando así y además el motor se le calienta por lo que de vez en cuando tiene que parar a esperar que baje la temperatura.
Finalmente llegamos a Bukhara a eso de las 5, tras 8 horas de camino. Ducha en el hotel y un paseo por la ciudad. Se nota que aquí hay más vida turística: a las 10 de la noche todavía hay bazares abiertos y los vendedores son políglotas consumados a la hora de ofrecer sus productos.
domingo, 22 de julio de 2012
22 de Julio
Después de pasar la frontera contábamos con dormir cerca de Moynaq, para ver los barcos varados en el mar de Aral. La carretera continúa siendo tan mala que es difícil sumar quilómetros y al final toca dormir otra vez en el coche. Por la mañana visitamos Moynaq, según la guía de L. Planet debería ser una ciudad casi fantasma pero nos encontramos con bastante gente por sus calles y un animado mercado: tal vez el lago artificial que se construyó para "compensar" el retroceso del mar (ahora está a unos 180 km de distancia) esté ayudando a recuperar la economía de la zona y devolver la vida a la ciudad.
Tras la visita y las obligadas fotos, nos dirigimos a Khiva. Llegamos a media tarde y dando un paseo entre sus minaretes nos encontramos con Carlos, que viaja él solito en su C15 desde Madrid hasta Siberia. Pasamos un buen rato con él y cenamos en un restaurante por unos 5 euros cada uno. Al atardecer, somos ya pocos los turistas que quedamos. Se ve que es una de esas ciudades que los viajes organizados visitan por la mañana (según Carlos a esas horas había varios autobuses con turistas) y se van a dormir a otra parte. La verdad es que ellos se lo pierden: en las últimas horas del día es cuando Khiva resulta más atractiva.
Tras la visita y las obligadas fotos, nos dirigimos a Khiva. Llegamos a media tarde y dando un paseo entre sus minaretes nos encontramos con Carlos, que viaja él solito en su C15 desde Madrid hasta Siberia. Pasamos un buen rato con él y cenamos en un restaurante por unos 5 euros cada uno. Al atardecer, somos ya pocos los turistas que quedamos. Se ve que es una de esas ciudades que los viajes organizados visitan por la mañana (según Carlos a esas horas había varios autobuses con turistas) y se van a dormir a otra parte. La verdad es que ellos se lo pierden: en las últimas horas del día es cuando Khiva resulta más atractiva.
sábado, 21 de julio de 2012
21 de Julio
Por la mañana salimos de Atirau con dirección a la frontera de Uzbekistán. Hasta Beyneu la carretera está en perfecto estado pero desde ahí en adelante cambia de forma radical: el asfalto desaparece y lo sustituyen la tierra y los baches. Además, el tráfico de camiones es intenso y se levantan enormes nubes de polvo q nos impiden abrir las ventanillas para combatir el calor. Cuando al fin llegamos a la frontera nos encontramos con una cola de camiones de varios quilómetros de largo. Los camioneros pasean en calzoncillos, juegan a las cartas o descansan tumbados en grupo a la sombra del camión (quien a buen camión se arrima…). La verdad es que no es de extrañar ya que después nos enteramos de que a veces pueden pasarse hasta 8 días esperando para cruzar la frontera.
Apenas hay coches, así que pasamos rápidamente la parte de Kz. pero luego tuvimos que estar un par de horas esperando al sol para pasar la de Uzbekistán: le estaban dando preferencia a los camiones y nos tocó esperar. La espera se ve recompensada con la amabilidad con que nos trataron los guardias. Son chicos jóvenes y como somos los primeros en pasar por allí están muy interesados por nosotros. Uno de ellos, al ver mi cámara de fotos me pide si le puedo enseñar fotos de España. Otro, al inspeccionar nuestro botiquín, me pregunta, más por curiosidad que por otra cosa, para qué es cada uno de los medicamentos. Como de alguno no me acuerdo, le digo q tengo que mirar las instrucciones del médico. Saco el manual de medicina del viajero del doctor P. y tengo que hacer esfuerzos para no reírme cuando el policía me pide que se lo deje y lo empieza a revisar como si fuera un documento oficial mientras lee el nombre de alguna medicina como por ejemplo el "me aguanto"
Al final pasamos la frontera entre saludos y apretones de manos. Comienza nuestro viaje por Uzbekistán y sus magníficas carreteras. Unos días más adelante, un camionero polaco nos diría "Uzbekistán catastrof". Pronto íbamos a descubrir la razón...
Apenas hay coches, así que pasamos rápidamente la parte de Kz. pero luego tuvimos que estar un par de horas esperando al sol para pasar la de Uzbekistán: le estaban dando preferencia a los camiones y nos tocó esperar. La espera se ve recompensada con la amabilidad con que nos trataron los guardias. Son chicos jóvenes y como somos los primeros en pasar por allí están muy interesados por nosotros. Uno de ellos, al ver mi cámara de fotos me pide si le puedo enseñar fotos de España. Otro, al inspeccionar nuestro botiquín, me pregunta, más por curiosidad que por otra cosa, para qué es cada uno de los medicamentos. Como de alguno no me acuerdo, le digo q tengo que mirar las instrucciones del médico. Saco el manual de medicina del viajero del doctor P. y tengo que hacer esfuerzos para no reírme cuando el policía me pide que se lo deje y lo empieza a revisar como si fuera un documento oficial mientras lee el nombre de alguna medicina como por ejemplo el "me aguanto"
Al final pasamos la frontera entre saludos y apretones de manos. Comienza nuestro viaje por Uzbekistán y sus magníficas carreteras. Unos días más adelante, un camionero polaco nos diría "Uzbekistán catastrof". Pronto íbamos a descubrir la razón...
viernes, 20 de julio de 2012
Viernes 20 de julio. Durante el dia.
Llegamos a la parte rusa de la frontera y apenas hay un par de coches esperando. Nada más llegar vemos que la "vida" en esta frontera es mas relajada que en la letona. Es muy temprano y somos casi los primeros, en la parte rusa apenas revisan nuestros pasaportes, le echan un vistazo al coche y poco más. Unos metros más adelante, en el lado kazajo, vemos que la organización tiene un enfoque alternativo. Paramos el coche el lado de la barrera y como no aparece nadie, me bajo y me dirijo a la caseta de guardia que contiene un policía con escasa disposición a trabajar. Mientras le entrego los pasaportes, llega un grupo de gente que quiere cruzarla pie, se amontonan a mi alrededor mientras meten la cabeza por la ventanilla de la caseta, conmigo delante, como si quisieran cruzar la frontera por ese agujero. Lo cierto es que parecen muy intrigados por nuestros pasaportes y se esfuerzan en revisarlos junto con el guardia. Finalmente, el grupo nos da el visto bueno, la barrera se abre y avanzamos hacia la zona de control. Paramos el coche, nos bajamos y comienza un procedimiento que se repetirá en casi todos los demás puntos fronterizos del viaje: cerrar el coche, ir a control de aduanas para cubrir una hoja para la importación temporal del vehículo, luego ir a control de pasaportes y por último el propietario del coche retrocede hasta el mismo para que lo revise el agente de aduanas. Nos sorprende la enorme amabilidad con la que nos tratan, al llegar nos dan la mano y varios agentes se acercan para hacernos preguntas sobre nosotros y el coche. Uno de ellos habla algo de inglés y le traduce la respuesta a los demás. El caso es que caso tuvimos que dedicar mas tiempo a las relaciones sociales que al papeleo. En poco más de una hora ya estábamos conduciendo por Kazajistán.
Nos separan unos 289 km de Atyrau. Durante los primeros km, el asfalto está en un estado aceptable, pero poco a poco se va deteriorando hasta convertirse en una muestra de formaciones geológicas: fallas, picos, cadenas montañosas, cañones y fosas de todos los tamaños se alternan continuamente, haciendo que la suspensión no pare de trabajar y que tengamos que estar muy atentos a por donde pasan los neumáticos. Cuando logramos llegar, estamos realmente cansados así que buscamos un hotel en donde descansar un rato para luego dar un paseo, cenar algo y dormir hasta el día siguiente.
Atyrau tiene el aspecto de cualquier ciudad occidental y no deja de contrastar con los pequeños pueblos de calles sin asfaltar que hemos visto a lo largo del trayecto desde la frontera y que parecen pertenecer a otro país y a otro tiempo.
Viernes 20 de julio. Por la noche.
Seguimos conduciendo en dirección a Volgogrado. Nuestra intención es pasar de largo y dormir en algún hotel a lo largo del curso del Volga. Según la guía de Lonely Planet es una zona turística y a lo mejor podemos descansar y hacer alguna excursión por la mañana temprano. Volgogrado no nos defrauda: nueva prueba de orientación entre carteles engañosos. Pero al menos esta vez, los policías de los 2 controles que nos cruzamos están entretenidos con otros conductores y no parecen fijarse en nuestro Corsa con ruedas en el techo. Los km pasan y los hoteles no aparecen por lo que la cosa parece que comienza a torcerse de nuevo. Cuando vemos una señal de hotel, nos llevamos una enorme alegría, entro a preguntar pero la "recepcionista", con pinta de levantadora de pesos rusa afectada por un lote de hormonas defectuosas, no me deja explicarle nada mientras me hace gestos de que me marche de allí. Parece que toca conducir un rato más... Siguen sin aparecer hoteles, así que decidimos continuar conduciendo y pasar Astracán de noche.
Nos esperaba una gincana de las buenas. A la entrada de la ciudad hay un control de policía, pero el agente esta distraído y cuando intenta hacerme un gesto para que nos detengamos ya casi lo hemos rebasado. Al cabo de apenas un minuto conduciendo por una amplia avenida veo unas luces en el espejo retrovisor que me dan mala espina, así que apago las luces del coche y giro a la derecha para camuflar el coche bajo uno árboles en una explanada oscura. Al cabo de unos segundos vemos pasar un coche de policía buscando una piñata que golpear. Esperamos un poco deseando que se pierdan siguiendo los carteles indicadores de la comisaría y pasamos a la siguiente prueba: encontrar el camino hacia la frontera. Tras estar un rato perdidos y dando vueltas, logramos llegar al puente flotante que se ve en la foto y nada más cruzarlos nos damos cuenta de que ya son casi 5 de la mañana y de que el otro lado del río parece otro mundo, en el que las facciones y el carácter de la gente cambian de forma considerable.
jueves, 19 de julio de 2012
Jueves 19 de julio
Son las 10 de la
noche del día19, no para de diluviar, no podemos montar la tienda y no logramos encontrar un solo hotel abierto, así que decidimos seguir conduciendo hasta pasar
Orel y luego dormir lo que se pueda en el coche.
Lo cierto es que moverse por una ciudad rusa sin GPS es como una especie de yincana. Básicamente los tipos de carteles indicadores son: los que no existen, los que están escondidos y los que no se entienden. Además no es extraño que una avenida amplia de dos carriles termine en una carretera llena de baches que parece imposible que te lleve a esa carretera nacional que estás buscando, aunque al final así sea.
Lo cierto es que moverse por una ciudad rusa sin GPS es como una especie de yincana. Básicamente los tipos de carteles indicadores son: los que no existen, los que están escondidos y los que no se entienden. Además no es extraño que una avenida amplia de dos carriles termine en una carretera llena de baches que parece imposible que te lleve a esa carretera nacional que estás buscando, aunque al final así sea.
Además en Orel íbamos
a descubrir que la yincana cuenta con otra prueba de puntuación especial: ¡que
no te pille la policía!
Estamos convencidos de que un policía al que se nos ocurrió preguntar por la salida de la ciudad nos preparó una encerrona: nos dio unas indicaciones que nos metieron en una calle sin salida y de una sola dirección. Es decir, puedes entrar en ella pero luego no puedes volver a salir. Esto no tiene lógica alguna y la señal de dirección prohibida estaba descolorida y claramente "fuera de uso". El caso es que mientras estamos dando la vuelta y, teóricamente, circulando en sentido contrario aparecen dos coches de policía que se paran delante nuestra bloqueándolos el paso. Se bajan seis policías, y nos piden el "pasaporte" del coche. Le damos el permiso de circulación al que parece tener la voz cantante. Empieza a mirarlo por todas partes como si fueran las instrucciones de la lavadora y no supiera qué programa seleccionar. Luego nos pide el carné de conducir. Por señas, nos da a entender que íbamos por dirección prohibida y que por eso te quitan el carné de3
a 6 meses. Lógicamente, yo me hago el loco, hablando en español
y con cara de no entender nada. Él insiste, me manda subir al asiento delantero
del coche policial e intenta explicármelo de nuevo dibujando en un papel; yo
insisto en no entender nada y le doy un libro ruso-español con frases del tipo
"soy entrenador de delfines".
Estamos convencidos de que un policía al que se nos ocurrió preguntar por la salida de la ciudad nos preparó una encerrona: nos dio unas indicaciones que nos metieron en una calle sin salida y de una sola dirección. Es decir, puedes entrar en ella pero luego no puedes volver a salir. Esto no tiene lógica alguna y la señal de dirección prohibida estaba descolorida y claramente "fuera de uso". El caso es que mientras estamos dando la vuelta y, teóricamente, circulando en sentido contrario aparecen dos coches de policía que se paran delante nuestra bloqueándolos el paso. Se bajan seis policías, y nos piden el "pasaporte" del coche. Le damos el permiso de circulación al que parece tener la voz cantante. Empieza a mirarlo por todas partes como si fueran las instrucciones de la lavadora y no supiera qué programa seleccionar. Luego nos pide el carné de conducir. Por señas, nos da a entender que íbamos por dirección prohibida y que por eso te quitan el carné de
Comienza a pasar
páginas, buscando palabras que le sirvan para algo:
"retraso"', "3 meses" y me señala mi carné. Como veo que
empieza a perder la paciencia, yo empiezo a comprender. Le doy a entender que
no vimos la señal, que vamos muy lejos y que nos perdone. En este punto está
claro que lo que buscan es sacar algo de dinero, ya que en ningún momento apunta mis datos en ningún impreso ni habla
de llevarme a la comisaria. Sigo haciéndome el loco hasta que de nuevo se
vuelve a impacientar, en ese punto, decidimos abandonar la incapacidad mental
transitoria y dibujamos en el papel: " $?" . Me pide que escriba una cifra. A partir de ahí
comienza un regateo en el que tachamos y escribimos cifras. Yo digo20, el
200... Al final cerramos el trato en 40$, seguro que 20 habrían bastado, pero la
falta de experiencia me llevó a comenzar por una cantidad demasiado elevada. Después
de pagar, muy amablemente, nos escoltan a la salida de la ciudad.
Son más de las 5,
seguimos conduciendo hasta que a las 6 paramos a dormir un par de horas y
arrancamos de nuevo con dirección a Volgogrado.
Otro control de policía
en la carretera. Esta vez tenemos suerte: nos paran, el policía se da una
vuelta alrededor de coche con cara de curiosidad, nos pregunta de dónde somos,
se ríe y nos dice que sigamos.
Pasamos Volgogrado a última
hora de la tarde con idea de buscar un hotel para dormir. Pero, de nuevo,
nuestros planes se van a torcer,..
Tragando millas por Rusia adelante
miércoles, 18 de julio de 2012
Miércoles 18 de Julio
Nos levantamos y tras un delicioso desayuno tradicional lituano, salimos a las 8 de la mañana para llegar a las 11 a la frontera rusa.
En la cola de espera vamos haciendo haciendo amigos a base de compartir galletas. Coincidimos con un taxista letón que, por señas, nos da a entender que tenemos que cubrir un impreso en ruso que parece ser una declaración de aduanas. La verdad es que no tenemos ni idea de lo que pone y nos quedamos con la misma cara que si nos pidiesen que cubramos las especificaciones de un sputnik. La suerte se pone de nuestro lado y se nos acerca una alemana que aunque no forma parte del Mongol Rally, también van en coche a Mongolia y nos ayuda a cubrirlo. Lo malo es que sus conocimientos de ruso son limitados y tampoco tiene muy claro algunas de las instrucciones. A las 14 horas pasamos el control correspondiente al lado letón y a las 16 la del lado ruso. Comenzamos a conducir por unas carreteras en buen estado pero con la lluvia acompañándonos sin parar. Esperamos acampar o buscar un hotel barato, pero nuestros planes van a torcerse bastante.
Frontera Rusa detrás del típico medio de transporte soviético: el Cadillac Escalade.
martes, 17 de julio de 2012
Martes 17 de julio
Hoy nos esperaba otra etapa maratoniana. Esperábamos
recorrer los algo más de los 1000
Km . que nos separaban de la frontera rusa, pero las obras
y la falta de carteles indicadores en Varsovia nos hicieron perder un tiempo de
lo más valioso. No ha parado de llover en todo el día y el tráfico en las
carreteras polacas y lituanas era denso y con una gran cantidad de
camiones pesados levantando auténticas cortinas de agua. Esto ha
hecho que para recorrer 900 Km .
hasta la frontera con Letonia necesitáramos conducir todo el día sin
parar más que para comer un bocadillo. Además hemos llegado muy tarde al
pequeño pueblo de Utena, en Lituania ,y parecía muy difícil encontrar un hotel donde dormir.
En una gasolinera nos dicen que hay un pequeño hotel, pero al llegar a él nos lo encontramos cerrado. En ese momento llega un Golf con una chica acompañada
por tres chicos, dos de los cuales se aferran a sus botellas como un bebé a un biberón.
La chica habla inglés, al parecer es la encargada del hotel, pero
está completo y se ofrece a guiarnos hasta otro que está en las afueras y que pueden tener habitaciones libres. Contra lo que puede dictar la lógica, decidimos
seguir al golf modelo botellón, en plena noche y por carreteras
secundarias hasta las afueras del pueblo: malo será... Al final tenemos suerte
y terminamos en un hotel rural, confortable y a buen precio.
lunes, 16 de julio de 2012
Lunes 16 de julio
Klenova, República Checa, tras pasar el control de la organización, que básicamente consiste en
decir "hola estamos aquí" y recoger un lote de regalos que incluye una
bolsita de toallitas perfumadas (suponemos que para contrarrestar la
ausencia de duchas en el cuartel), nos despedimos del resto de
participantes y salimos dirección Polonia.
En la República Checa para circular por las autovías es necesario disponer de una pegatina que se pone en el limpiaparabrisas. Tras un par de intentos infructuosos para conseguir la nuestra en una gasolinera, decidimos que lo mejor es hacernos los locos y entrar en la autovía sin ella. Al fin y al cabo, llevamos el coche forrado de pegatinas: malo será que no les sirva alguna...
Afortunadamente, logramos salirnos con la nuestra y cruzar la frontera con Polonia sin llevarnos una multa de recuerdo.
A las las 8, decidimos parar en un hotel de carretera donde a cambio de 15 euros por persona obtenemos una habitación doble y cena.
Al final del día, nos damos cuenta de que hay dos cosas que van a desaparecer de nuestro viaje de forma casi definitiva: las autovías y la posibilidad de comunicarnos con alguien en un lenguaje que no sea el de señas. Aquí los que hablan inglés son pocos y están bien escondidos.
Parrilla de salida, entre dos potentes Ford.
En la República Checa para circular por las autovías es necesario disponer de una pegatina que se pone en el limpiaparabrisas. Tras un par de intentos infructuosos para conseguir la nuestra en una gasolinera, decidimos que lo mejor es hacernos los locos y entrar en la autovía sin ella. Al fin y al cabo, llevamos el coche forrado de pegatinas: malo será que no les sirva alguna...
Afortunadamente, logramos salirnos con la nuestra y cruzar la frontera con Polonia sin llevarnos una multa de recuerdo.
A las las 8, decidimos parar en un hotel de carretera donde a cambio de 15 euros por persona obtenemos una habitación doble y cena.
Al final del día, nos damos cuenta de que hay dos cosas que van a desaparecer de nuestro viaje de forma casi definitiva: las autovías y la posibilidad de comunicarnos con alguien en un lenguaje que no sea el de señas. Aquí los que hablan inglés son pocos y están bien escondidos.
Parrilla de salida, entre dos potentes Ford.
domingo, 15 de julio de 2012
Domingo 15 de julio
Nos levantamos, desayunamos y ponemos rumbo a Klenova, República Checa, lugar de salida del Mongol Rally.
Al cruzar la frontera checa nos llama la atención la cantidad de casinos y night clubs que bordean ambos lados de la carretera. A los españoles nos gusta ir a Portugal a comprar toallas y a los alemanes parece que les gusta ir a la República Checa a ...bueno, ellos sabrán.
Según la descripción de la organización, esperábamos encontrar un bonito lugar de acampada a los pies de un impresionante castillo, pero la realidad es que el lugar nos recuerda a una base de entrenamiento de "Spetsnaz"(fuerzas especiales rusas) abandonada y nos quedamos con la sensación de estar montando la tienda de campaña en el cuartel de Garabolos. Menos mal que la buena compañía del resto de participantes compensaba cualquier carencia.
Al cruzar la frontera checa nos llama la atención la cantidad de casinos y night clubs que bordean ambos lados de la carretera. A los españoles nos gusta ir a Portugal a comprar toallas y a los alemanes parece que les gusta ir a la República Checa a ...bueno, ellos sabrán.
Según la descripción de la organización, esperábamos encontrar un bonito lugar de acampada a los pies de un impresionante castillo, pero la realidad es que el lugar nos recuerda a una base de entrenamiento de "Spetsnaz"(fuerzas especiales rusas) abandonada y nos quedamos con la sensación de estar montando la tienda de campaña en el cuartel de Garabolos. Menos mal que la buena compañía del resto de participantes compensaba cualquier carencia.
sábado, 14 de julio de 2012
Sábado 14 de julio
Después de haber conducido el viernes hasta las 5 de la mañana, hora a la que encontramos un hotel abierto en las proximidades de Bergerac, el sábado nos esperaba una nueva etapa maratoniana de 1.100 km hasta Nuremberg en Alemania.
La verdad es que no tuvimos mucha suerte con el tiempo. No paró de diluviar durante la mayor parte del camino mientras que miles de conductores que iban o regresaban de vacaciones nos rodeaban por todas partes.
La verdad es que no tuvimos mucha suerte con el tiempo. No paró de diluviar durante la mayor parte del camino mientras que miles de conductores que iban o regresaban de vacaciones nos rodeaban por todas partes.
Conducir es estas condiciones es realmente agotador y, a pesar del buen estado de las carreteras, terminamos realmente cansados.
jueves, 12 de julio de 2012
Nos vamos
Hace algo más de un año uno de los integrantes de nuestro equipo dijo: "El mes de Julio del 2012 me marcho a Mongolia, si alguien quiere venir conmigo me avisa". Esta frase queda separada del día de hoy por un montón de horas de dedicación a este proyecto: documentarse sobre el rally, buscar mapas y preparar la ruta, elaborar el proyecto, buscar patrocinadores, encontrar un coche, obtener los visados, decidir la ruta definitiva, mantener el espacio web, preocuparse del material necesario, perseguir patrocinadores, preparar el coche, modificar la ruta definitiva, vender camisetas a cualquier incauto desprevenido, conseguir los tablets y demás material didáctico, ¿dije ya lo de los patrocinadores?...
Al final, hemos logrado estar preparados para esta pequeña y modesta aventura. Recuerdo todo lo que he leído sobre las penurias vividas por los primeros exploradores polares: meses metidos en una cueva excavada en el hielo, comiendo carne de foca, iluminados por grasa de foca y cubiertos por grasa de foca hasta el extremo de que sus ropas se sostenían en pie por si mismas. ¡Eso sí que eran aventureros y lo que nosotros vamos a hacer no deja de ser un pequeño viaje de placer en comparación! De cualquier forma, este viaje no hubiera sido posible sin la ayuda de los patrocinadores y todos los amigos que nos habéis prestado vuestra ayuda. Queremos daros las gracias en nuestro nombre, y seguro que también en el de los chicos del Lotus Children´s Center, que nos esperan al final del camino.
Intentaremos mantener este blog actualizado siempre que nos sea posible, así que no dejéis de pasaros por aquí de vez en cuando para saber de nosotros....
Al final, hemos logrado estar preparados para esta pequeña y modesta aventura. Recuerdo todo lo que he leído sobre las penurias vividas por los primeros exploradores polares: meses metidos en una cueva excavada en el hielo, comiendo carne de foca, iluminados por grasa de foca y cubiertos por grasa de foca hasta el extremo de que sus ropas se sostenían en pie por si mismas. ¡Eso sí que eran aventureros y lo que nosotros vamos a hacer no deja de ser un pequeño viaje de placer en comparación! De cualquier forma, este viaje no hubiera sido posible sin la ayuda de los patrocinadores y todos los amigos que nos habéis prestado vuestra ayuda. Queremos daros las gracias en nuestro nombre, y seguro que también en el de los chicos del Lotus Children´s Center, que nos esperan al final del camino.
Intentaremos mantener este blog actualizado siempre que nos sea posible, así que no dejéis de pasaros por aquí de vez en cuando para saber de nosotros....
Manual de medicina del viajero
En cualquier viaje suelen surgir contratiempos y lo único que se puede hacer es estar lo mejor preparados posible para afrontarlos. Como muestra de nuestra preparación sin igual, hemos logrado hacernos con un documento más valioso que el mismísimo Códice Calixtino. Se trata de un ejemplar manuscrito de la única página que contiene el Manual de Medicina del Viajero del doctor C. P. y que nos permitirá afrontar con total seguridad y confianza cualquier emergencia médica que se cruce en nuestro camino:
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