miércoles, 8 de agosto de 2012

8 de agosto. La meta.

Mientras estamos cargando las mochilas en el maletero para continuar el viaje, una furgoneta-taxi para delante nuestra para que sus ocupantes puedan hacer una visita al "cuarto de baño". De la furgoneta comienza a bajarse gente y contamos un total de 14 personas: nos cuesta trabajo imaginar cómo podían estar encajados dentro. ¿Alguno hará el viaje completo desde Ulan Bator hasta Olgii?.¡Y nososotros nos quejábamos!
El resto del camino hasta la capital es sencillo y llegamos a media mañana. Localizamos la sede de la organización, cubrimos los documentos de entrega del coche y nos hacemos las fotos de rigor. Hemos llegado en el puesto 16 sobre un total de 300 equipos participantes.  En el mismo edificio, "The adventurist" dispone de un bar y también hay un hotel en el que conseguimos un par de habitaciones así que, una vez instalados, vamos a la estación del tren para ver si es posible conseguir billetes hasta Pekín para mañana. Por lo que nos han comentado los de la organización, no va a ser tarea sencilla...


La estación no está lejos y vamos dando un paseo, todo el mundo dice que en Ulan Bator no hay mucho que ver y la verdad es que parece que el comentario es acertado. Nos llama la atención ver algunos gers entre modernos bloques de edificios; al parecer, algunas familias que se desplazan a la capital para facilitar la educación de sus hijos, no tienen dinero suficiente para comprar o alquilar un piso y se ven obligados a instalarse en su propia vivienda.
En la estación del tren nos enteramos de que no quedan billetes. Para el transmongoliano que une Moscú con Pekín está todo vendido hasta mediados de septiembre y aunque hay un tren que nos llevaría hasta Elian, ya en China, tampoco quedan billetes. En frente de la estación del tren, estrategicamente situada, hay una pequeña agencia de viajes. En ella ofrecen una opción para salir al día siguiente: podemos ir en el tren que va a Pekín hasta llegar a la frontera, donde tendremos que bajarnos para cruzarla en un minibus y luego continuar en bus hasta Pekín. La cosa no parece fácil y el viaje es bastante largo, saldríamos el viernes a la tarde y llegaríamos el domingo de madrugada, pero como no nos queda otra aceptamos y quedamos en recoger los billetes al día siguiente.
Por la tarde visitamos el monasterio de Choijin Lama que es una de esas visitas que, por sorpresa, resultan bastante entretenidas.
Parece que todo está arreglado, mañana por la mañana nos reuniremos con las representantes de Lotus Children´s Center para entregarles los tablets y por la tarde saldremos para China. Lo que en aquel momento no sabíamos es lo que nos esperaba en la frontera: una última aventura...

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