A medida que avanza la jornada, se acentúa el cambio en el paisaje que ya se había iniciado el día anterior. La altitud desciende mientras desaparecen las cumbres nevadas y los arroyos para dejar paso a un paisaje árido y seco: estamos en las estribaciones del desierto del Gobi. Aunque pudiera parecerlo, la temperatura no es un problema, ya que en ningún momento del día supera los 30ºC, a pesar de estar en un desierto: la altitud sigue rondando los 1500 metros y eso se deja notar. El verdadero problema está bajo las ruedas: el camino parece fabricado a base de placas de uralita que hacen que todo el coche vibre como si se fuera caer en pedazos. Teóricamente, en este tipo de firme se debe circular a una velocidad por encima de los 60 km/h, de forma que el coche "flote" sobre las ondulaciones de la carretera. La teoría funciona pero tiene el grave inconveniente de que es realmente arriesgado, de vez en cuando aparecen socavones en los que no nos gustaría dejarnos parte de la suspensión y a esa velocidad es realmente complicado evitarlos a tiempo. Es decir, no nos queda otra más que armarnos de paciencia, apretar bien los dientes para no perder ninguno por culpa de las vibraciones y comernos la uralita con patatas.
Conducir en estas condiciones es un tanto desesperante, hay multitud de caminos casi pararelos y por más que te esfuerces en intentar adivinar cuál será el mejor para nuestras cervicales al final, elijas el que elijas, el resultado parece ser el mismo: no hay escapatoria. La uralita está por todas partes, el traqueteo es desesperante y no podemos dejar de pensar que estamos circulando por una carretera cuyo equivalente en España podría ser la N-VI. Al fin y al cabo es la conexión entre una de las dos fronteras con Rusia y la capital del país, nosotros podemos quejarnos pero por aquí tienen que circular los autobuses de línea abarrotados de gente...
A las 8 de la noche encontramos un buen lugar donde acampar. Hoy toca lentejas y un poco de pan con queso. Todavía nos faltan unos 700 km para Ulan Bator y solo nos queda un día y medio para llegar, así que mañana habrá que madrugar: al menos, ya no hace frío por la noche.
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