lunes, 23 de julio de 2012

23 de Julio

Nuestra intención es salir temprano para llegar a Bukhara a una hora prudencial. Nos han comentado que la carretera está en obras y que para recorrer los 380 km que separan ambas ciudades son necesarias unas 9 horas. Descubrimos que decir que la carretera está en obras es un eufemismo que significa que ha sido bombardeada por una escuadrilla de cazas de combate. Lo más lógico a la hora de construir una autopista parece hacerlo por tramos, pero aquí están construyendo casi 150 km a la vez. Eso quiere decir que tenemos que circular por una carretera destruida por el tráfico de camiones y maquinaria pesada de las obras, mientras a escasos metros vemos una vía de dos carriles sin asfaltar en perfecto estado. El cubre cárter del coche nos salva de daños mayores en más de una ocasión y el traqueteo es continuo mientras el termómetro marca 42 grados y nosotros sin aire acondicionado. El paisaje en algunos momentos es totalmente desértico y las dunas de arena invaden la carretera. Con tanto calor, nos acordamos de un anuncio que vimos en Polonia en el que una gallina en chándal mira a un pollo frito: seguimos sin tener ni idea de qué mensaje quiere transmitir el publicista pero el calor nos debe estar reblandeciendo los sesos.
Ya cerca de Bukhara, nos encontramos con Carlos y su C15 parados en el arcén. Al cruzarse con un camión se le abrió el capó, golpeándose contra el parabrisas y rompiéndole el cristal. Lleva ya casi 80 km circulando así y además el motor se le calienta por lo que de vez en cuando tiene que parar a esperar que baje la temperatura.
Finalmente llegamos a Bukhara a eso de las 5, tras 8 horas de camino. Ducha en el hotel y un paseo por la ciudad. Se nota que aquí hay más vida turística: a las 10 de la noche todavía hay bazares abiertos y los vendedores son políglotas consumados a la hora de ofrecer sus productos.

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