martes, 31 de julio de 2012

Día 31. Embajada Rusa

Siguiendo las recomendaciones del día anterior, nos plantamos delante de la embajada a las 8 de la mañana. Cuando llegamos nos encontramos unas 15 personas esperando en las proximidades de la gran verja metálica de color gris que cierra el paso al interior del recinto. Nos llama la atención que no estén haciendo cola, simplemente se limitan a pasear o permanecen sentados en las marquesinas del autobús. Intento preguntar  si están esperando para solicitar un visado, pero allí nadie habla ni una palabra de inglés y lo único que logro es que algunos asientan con la cabeza a la palabra "visa" pero me da la sensación de que obtendría la misma respuesta a la palabra "ensaladilla". Al cabo de un rato, observamos que llegan un par de personas que se apuntan en una hoja de papel colgada en un tablón a a la derecha de la verja. La hoja tiene varias columnas con encabezamientos en cirílico y nos imaginamos que seguramente alguna de ellas sea de solicitud de visados.Por eso la gente no guarda cola: tenemos que apuntarnos en la columna correcta. Otra opción es apuntarse en todas, aún a riesgo de estar solicitando un trabajo limpiando letrinas en la estepa. Optamos por dar una nueva batida en búsqueda de alguien que hable inglés: han llegado varias personas más y tenemos suerte con una chica de unos 16 años que nos indica la columna correcta. Estamos de 14 en la lista de espera.
A eso de las 9:15 la cantidad de gente esperando se ha incrementado de forma considerable, ya debemos de ser unos 40 ó 50. La gente comienza a agruparse alrededor de la estrecha puerta de entrada situada en el medio de la verja y parece que, a pesar de la listas de espera, todo el mundo quiere el primer puesto en la salida de parrilla. La tensión aumenta cuando a una chica la empujan contra la puerta metálica y ella responde con un puñetazo en el pecho a una de las personas que le rodean. El guardia de seguridad de la entrada permanece en su garita como si la cosa no fuese con él, pero afortunadamente algunas de las personas que están alrededor de la tangana intervienen poniendo un poco de orden y calmando los ánimos.
A las 9:30 descubrimos el curioso sistema de los rusos. La verja no se va a abrir permitiendo el paso al interior de la embajada, sino que una voz habla por un intercomunicador al lado de la puerta indicando cuantas personas pueden pasar: 3 de visados y 2 de pasaportes. La puerta se abre durante un breve instante y los 5 afortunados entrar a la embajada. Continúa el goteo de gente, se aproxima nuestro turno y nos preguntamos qué nos  espera en el interior. A las 11:30 nos toca a nosotros: cruzamos la verja y el patio hasta la puerta principal. Enseñamos los pasaportes al guardia de la entrada que nos señala la ventanilla número 2. Nos acercamos al funcionario y casi no nos lo podemos creer cuando nos habla en un correcto inglés. Le explico que queremos solicitar un visado de tránsito y él nos pide el formulario.
- ¿Qué formulario?.Nosotros venimos de parte de la embajada española. ¿No le han informado de nuestro caso?
Él nos mira con cara medio de risa y medio de sorpresa. Pues no... nadie le ha contado nada de nuestro caso. Yo insisto y de paso exagero un poco:
-Ayer la embajada española se puso en contacto con el embajador ruso a causa de un error en nuestro visado. Nos mandaron venir hoy y nos dijeron que bastaba con traer una fotocopia del pasaporte.
Al funcionario se le borra la cara medio de sorpresa y ya sólo le queda la de risa. Educadamente me dice que no sabe nada al respecto mientras con la mirada me explica: chaval, sin formulario no hay visado.

Nos da la sensación de que no vamos a sacar nada en limpio y en este caso, es mejor no enfadarse ni perder los papeles, al fin y al cabo, vamos a tener que volver al día siguiente y es mejor no encontrarnos a este chico en el modo "quisquilloso". Nos aseguramos de lo que necesitamos exactamente para tramitar el visado: cubrir el formulario en Internet,  llevar una copia impresa con una foto pegada, fotocopias de los pasaportes y de la documentación del coche. Además si pagamos unos 75 dolares por cabeza podemos obtener el visado el mismo día.

-¿Así que si mañana traigo estos  papeles y pago las tasas me dais el visado en el día?
-Mañana la embajada está cerrada. Hasta el miércoles nada...

Enorme mazazo. Ya son casi las 12, es imposible intentarlo hoy y hasta el miércoles no podremos continuar camino. Volvemos a la embajada española. Rafael nos explica que los rusos son muy suyos para estas cosas  y que a pesar de lo dicho ayer por teléfono no parece que podamos hacer mucho más. Intentan ponerse en contacto con la embajada rusa pero ya pasa de las 12:30 y ni siquiera cogen el teléfono. Nos ayudan al cubrir el formulario de solicitud  porque, aunque está en inglés, para llegar a él es necesario navegar por varias páginas que están en ruso cerrado y si no fuera por la ayuda de la traductora lo íbamos a tener complicado.
Con el dichoso formulario impreso y todas las fotocopias necesarias y alguna más por si acaso,  nos vamos a comer y regresamos al hotel a reponernos del disgusto. Aprovechamos la tarde para buscar un taller donde cambiarle el aceite y el filtro al coche, pero cierran sobre las 6 y cuando llegamos ya es demasiado tarde. Así que dejamos para mañana el turismo y la mecánica.




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