Por la mañana retomamos el camino hacia Taldyqordan. La escasez de gasolineras en esta zona nos pilla desprevenidos, el coche está en la reserva y la cosa no pinta bien. Vemos unas instalaciones militares y nos acercamos a preguntar a los soldados que están de guardia. Después del habitual apretón de manos y la charla sobre España, Mongolia, Madrid y Barcelona, uno de ellos se ofrece a llevarnos a por un poco de gasolina a un lugar de la aldea. La próxima gasolinera está a más de 30 Km y la cosa parece un poco justa.
Voy con él en su coche y para hablar idiomas distintos, la verdad es que mantenemos una buena conversación.
Llegamos a una casa, que en España más bien clasificaríamos como chabola, en la que al parecer venden gasolina. Entro en la casa, en la habitación de la izquierda juegan dos niñas y en lo que podría ser el salón se apilan garrafas y botellas de gasolina de distintas tonalidades. Me da la sensación de que en el patio trasero debe haber toda una refinería ilegal.... Les indico que me pongan 10 litros en la garrafa y acordamos el precio. La madre busca un embudo y una de las niñas se acerca para sujetarlo, me agacho para hacerlo yo, pero antes de que logre hacerlo ya está vertiendo la gasolina que salpica en la cara a la pequeña que apenas debe de tener 4 años. Se limpia la cara sin inmutarse en un gesto que demuestra que está acostumbrada a realizar ese trabajo. Esto me dará que pensar durante bastante tiempo.
Al regresar agradecemos la ayuda de nuestro amigo con una botella de licor café y una clase se inglés tipo "Barrio Sésamo" sobre " caliente/frio", frio para indicarle como tomarlo.
Llegamos al hotel a una hora razonable y encontramos una auténtica cervecería alemana en la que cenar y aprovecharnos de su wifi para revisar el correo y escribir algo en este blog.
Voy con él en su coche y para hablar idiomas distintos, la verdad es que mantenemos una buena conversación.
Llegamos a una casa, que en España más bien clasificaríamos como chabola, en la que al parecer venden gasolina. Entro en la casa, en la habitación de la izquierda juegan dos niñas y en lo que podría ser el salón se apilan garrafas y botellas de gasolina de distintas tonalidades. Me da la sensación de que en el patio trasero debe haber toda una refinería ilegal.... Les indico que me pongan 10 litros en la garrafa y acordamos el precio. La madre busca un embudo y una de las niñas se acerca para sujetarlo, me agacho para hacerlo yo, pero antes de que logre hacerlo ya está vertiendo la gasolina que salpica en la cara a la pequeña que apenas debe de tener 4 años. Se limpia la cara sin inmutarse en un gesto que demuestra que está acostumbrada a realizar ese trabajo. Esto me dará que pensar durante bastante tiempo.
Al regresar agradecemos la ayuda de nuestro amigo con una botella de licor café y una clase se inglés tipo "Barrio Sésamo" sobre " caliente/frio", frio para indicarle como tomarlo.
Llegamos al hotel a una hora razonable y encontramos una auténtica cervecería alemana en la que cenar y aprovecharnos de su wifi para revisar el correo y escribir algo en este blog.
No sé dónde estaréis a estas alturas pero seguro que hay algún hotel eludiendo vuestra estancia y alguna botella menos de licor en el coche. Mucho ánimo y que lo disfrutéis.
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