Hoy esperamos un día tranquilo: cruzar la frontera por Shemonaikha y recoger a Pablo en la estación del tren de Pospelikha. Salimos de Oskemen y a eso de las 12 cruzamos la parte Kazaja de la frontera sin incidentes. La escasa cola y la habitual cordialidad del personal de aduanas hacen que nos parezca que vamos a despedirnos de este país con buen sabor de boca a pesar de las multas que nos llevamos de recuerdo.
La sorpresa nos la vamos a encontrar en el control de pasaportes ruso. Como es habitual, aparcamos el coche y nos dirigimos a la ventanilla correspondiente. El guardia revisa nuestros visados y vemos que no para de darle vueltas al pasaporte buscando algo. Le señalamos el visado y él nos da a entender que no es válido, al parecer es de una sola entrada y por tanto ya está agotado. El policía no habla inglés, pero nosotros insistimos en que tiene que haber algún error: el visado tiene que ser de dos entradas. En ese momento, entre todos los caracteres escritos en un cirílico profundo del que no entendemos ni una palabra, vemos un fatídico 1. Sólo hay un 1 , ni rastro de un 2. Lógicamente, nos desesperamos al mismo tiempo que el policía comienza a enfadarse cada vez más. Al parecer, los de control de pasaportes de Kazajistán no deberían habernos dejado pasar al no tener el visado ruso en regla. Al menos, tenemos la suerte de que en la cola hay un chico ruso que habla inglés y nos hace de traductor. No hay ninguna posibilidad de obtener un visado de tránsito y tenemos que volver a Kazajistán, lograr que anulen el sello de salida de nuestro visado y dirigirnos a la embajada rusa en Astana para solicitar un nuevo visado.
Tras sacudirnos de encima el disgusto y las ganas de volver directamente a España a prenderle fuego a las oficinas de Turismo de Rusia por la faena que nos han hecho al equivocarse en la tramitación del visado, nos subimos al coche y avisamos a Pablo de lo sucedido. Entre una cosa y otra, cuando logramos ponernos en marcha ya son las 2 de la tarde y tenenos que recorrer los aproximadamente 1000 km que nos separan de Astana con la intención de llegar de madrugada e intentar tramitar el visado el lunes. Tal vez alguno estáis pensando que parte de la culpa es nuestra por no revisar el visado, pero entre que está solamente en cirílico y que además no vimos nuestros pasaportes hasta el día anterior a la salida de Klenova, lo cierto es que no tuvimos muchas posibilidades de darnos cuenta del error.
Durante el camino a Astana nos cruzamos con un equipo inglés que, al vernos pasar a toda pastilla y en dirección contraria a Mongolia, paran en el arcén para hablar con nosotros. Tras una corta explicación, continuamos viaje hasta llegar al hotel sobre las 2 de la mañana. Al día siguiente comienza una nueva aventura: la de la embajada rusa...
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