Después de pasar la frontera contábamos con dormir cerca de Moynaq, para ver los barcos varados en el mar de Aral. La carretera continúa siendo tan mala que es difícil sumar quilómetros y al final toca dormir otra vez en el coche. Por la mañana visitamos Moynaq, según la guía de L. Planet debería ser una ciudad casi fantasma pero nos encontramos con bastante gente por sus calles y un animado mercado: tal vez el lago artificial que se construyó para "compensar" el retroceso del mar (ahora está a unos 180 km de distancia) esté ayudando a recuperar la economía de la zona y devolver la vida a la ciudad.
Tras la visita y las obligadas fotos, nos dirigimos a Khiva. Llegamos a media tarde y dando un paseo entre sus minaretes nos encontramos con Carlos, que viaja él solito en su C15 desde Madrid hasta Siberia. Pasamos un buen rato con él y cenamos en un restaurante por unos 5 euros cada uno. Al atardecer, somos ya pocos los turistas que quedamos. Se ve que es una de esas ciudades que los viajes organizados visitan por la mañana (según Carlos a esas horas había varios autobuses con turistas) y se van a dormir a otra parte. La verdad es que ellos se lo pierden: en las últimas horas del día es cuando Khiva resulta más atractiva.
Tras la visita y las obligadas fotos, nos dirigimos a Khiva. Llegamos a media tarde y dando un paseo entre sus minaretes nos encontramos con Carlos, que viaja él solito en su C15 desde Madrid hasta Siberia. Pasamos un buen rato con él y cenamos en un restaurante por unos 5 euros cada uno. Al atardecer, somos ya pocos los turistas que quedamos. Se ve que es una de esas ciudades que los viajes organizados visitan por la mañana (según Carlos a esas horas había varios autobuses con turistas) y se van a dormir a otra parte. La verdad es que ellos se lo pierden: en las últimas horas del día es cuando Khiva resulta más atractiva.
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